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LA SUCESIÓN

En el verano de 1989 mi papá me ofreció un trato, catalogar su biblioteca con fichas bibliográficas hechas en máquina de escribir, a cambio de “un dinerin” supongo, aunque ese mismo año nos hicimos del Nintendo, o sea que salí muy bien pagado.

La mayor ganancia se reflejó en 3 cosas, el vínculo estrecho entre mi papá, su tesoro y yo, mi interés por la literatura y mi prematuro entusiasmo por las sucesiones presidenciales.

Mi papá, maestro de Literatura en la prepa de la Universidad Autónoma del Estado de México, se encargó de dotarnos de libros muy valiosos desde niños, colecciones completas, muchos siguen ahí, en su acervo y otros, forman parte del propio que espero algún día atraigan a la pequeña Vale; La Iliada y la Odisea, las Mil y Una Noches, La Vuelta al Mundo en 80 Días, las biografías de mexicanos distinguidos, mi favorita era la de Jaime Nunó, El Cid y pequeños apuntes autodidácticos de los grandes clásicos, fueron aquellas joyas encuadernadas que nos obsequió mi pá, obvio reconocer que nos gustaban más las bicis y los monitos de luchadores.

En fin, cercano a ese acervo me encontré con el libro Seis en Punto, del periodista Javier Lozada, se trataba del análisis de la sucesión presidencial de Miguel de la Madrid y sus 6 aspirantes, con referencias a sucesiones anteriores, lo fui leyendo por aquellas tardes y regresé a él varias veces en mi vida. A partir de ahí consumí cuanta referencia al respecto encontraba o me daban, ensayos, novelas, entrevistas y después experiencias, pláticas y anécdotas.

Arráncame la vida, hecha película ha sido una gran herramienta para poder hablar del tema en versión descafeinada, como acostumbro en este espacio, recientemente la sombra del Caudillo del director Julio Bracho, censurada por muchos años, es otro ejemplo visual muy recurrente.

Históricamente, el que debe ser no existe, el que va a ser no lo sabe y el que las mayorías intuyen o impulsan resulta ser en términos futboleros el que jala marca; los demás, conocedores de sus limitaciones mantienen sus aspiraciones porque así debe de ser, porque cualquier cosa puede pasar. La sucesión, en política, igual que en derecho, es un acto personalísimo, que reviste la expectativa del legado, del patrimonio, en este caso intangible, pues se trata de una mera posibilidad sujeta a la voluntad popular, del deseo de perpetuar y del innegable aunque pocas veces comprendido hecho de que sea quien sea el sucesor, vendrá un rompimiento.

Quien decide, ha tomado una decisión, quien le ayuda, le da forma, la interpreta y después la cuida y la preserva, todo puede ser, todo puede cambiar, juegan los amigos, los aliados y los herederos, cualquiera puede ser.

Nuevos tiempos, gusto por las costumbres o la liturgia y decenas de factores, el sucesor es uno, que, sí, puesto en una balanza debe, junto con todos los factores que le beneficiaron, pesar más que lo que está del otro lado de la báscula.

Así Nada Más, es de especuladores futurear, de oportunistas mencionar y de conocedores aguantar, aunque, sin duda, el Presidente que necesita México está en el PRI.

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