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REGRESO A LA NUEVA NORMALIDAD*

*(Frase utilizada en la mañanera del 13 de mayo).

Por definición, es imposible.

Regresar implica volver, retornar, retomar algo que ya conocemos, entendemos o hicimos, yo no puedo regresar a Paris por el simple hecho de que nunca he estado ahí. Así de absurdo es el concepto de regresar a algo nuevo.

Regresar a la nueva normalidad, es una frase al aire, que no ha sido pensada, que carece de sentido, estructura y profundidad, sin propósito y llena de incertidumbre, ignorancia e inconsciencia y que ni siquiera cuenta con la jocosidad de las frases que acuñaba el popular candidato, vaya, se puede decir que es una frase representativa del modo de actuar del gobierno.

Desde hace varias semanas, y muchos de mis amigos con los que he platicado pueden confirmarlo, estoy convencido de que el mundo es otro, de que estas temporadas de encierro obligatorio serán nuestra cotidianidad, de que a pesar de lo gratos y efectivos que son, daremos menos abrazos y besos, de que veremos feo a los que no tengan la cortesía en la tos y el estornudo o no respeten la sana distancia; mejoraremos y reforzaremos nuestros hábitos de lavado de manos y le haremos el agosto a los productores de gel antibacterial y todas esas chunches que usamos para desinfectar.

Hoy, aunque ya hay vacuna contra la influenza H1N1, hay personas que siguen muriendo a causa de ese padecimiento, vemos con preocupación brotes de sarampión, que se suponía erradicado, sigue sin haber una vacuna para el VIH y existen muchas enfermedades que nos siguen matando, unas más prevenibles que otras, pero que son igual de urgentes de atender; cómo me gustaría que en lugar de cantar, nuestra primera dama le copiara a Michelle Obama y comenzara una feroz lucha contra la comida chatarra que tanto daño hace a los humanos en sus primeros años, pero no va a pasar; como me gustaría que nuestros legisladores, todos, modelaran un sistema legal basado en la prevención, que le cobrarán más impuestos a las bebidas azucaradas y los alimentos con altos contenido de sodio, grasas saturadas, carbohidratos y azúcar, que regularan el
asunto -todo, completo- de la marihuana, pero no va a pasar; como me gustaría que el gobierno estuviera del lado de la solución y no buscando rivales en los molinos de viento, analogía que hasta me parece benévola, porque el ingenioso hidalgo que nos regaló Cervantes, tenía ideales limpios y claros.

Hemos superado casi 60 días de temor, de encierro, de hartazgo, de depresión, de entusiasmo, de carencias, de inventiva, de enojo, de decepción, de frustración, de nostalgia, de despeño digital, pero nadie puede decir que han sido días perdidos o desperdiciados, porque fuimos capaces de pasar por todos esos estados y superarlo, eso nos hace mejores, hemos tenido tiempo de estar con nosotros mismos, de fijarnos que la apariencia no es solo para los demás sino para nosotros, nos descubrimos inventores, cocineros, expertos en cómo pasar el rato, entendimos que el trabajo requiere dedicación, constancia y atención, en el lugar que sea, también aprendimos que de nada vale el precio de la gasolina si no tenemos a dónde ir; aprendimos a valorar la salud, perdimos amigos, seres queridos, ganamos experiencia, paciencia, prudencia, algunos hasta aprendimos a ser auto sustentables aunque sea en una versión muy urbana; entendimos que la disciplina es más fuerte que el hastío y que los pequeños detalles, que nos brindan la luna, las flores, los perros, los sabores, las palabras dulces, la compañía, la solidaridad, la calma, son todo lo que necesitamos para ser felices.

Vimos con decepción a los que están del otro lado, a los que ignoran, a los necios, a los obstinados, hoy son más visibles que nunca, se les nota a leguas hasta en la manera de usar un cubre bocas por abajo de la nariz, pero, hasta a pesar de ellos debemos seguir adelante, ahora que regresemos a las calles, el aislamiento lo debemos aplicar hacia esas personas que no se cuidan y que desde luego representan un riesgo para los demás.

Aprendimos que las maestras y los maestros son mucho más que sólo docentes a quienes delegamos la tarea más importante de la paternidad, enseñar, porque también aprendimos que el carácter, los valores y los modales se inculcan en casa pero se refuerzan y ponen a prueba en el entorno social de la escuela, en donde los profesores son, sin duda, los que saben.

También aprendimos que votar es un acto de mucha consciencia, no solo de rechazo, castigo o apoyo a tal o cual ideología o forma de gobernar; superaremos ahora el voto de castigo, el abstencionismo o el voto emocional, después de la experiencia mundial de los años recientes el voto debe ser por la persona que se vea más sensata que nos garantice que vive en la realidad y que sus revanchas, complejos o bajas pasiones no lo dominarán, quizá eso no exista y también cambie la forma en que decidamos gobernarnos.

Viviremos en crisis, con limitaciones, riesgos, peligros y pesares, con una economía endeble, con inseguridad, bajo el régimen de un gobierno que no se anda con rodeos y calla, descalifica y elimina a lo que no le conviene o le va cómodo, pero viviremos y si algo hemos aprendido los humanos de las crisis devastadoras, es que el renacimiento tiene resplandor, orgullo y fortaleza. Así sea.

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De la madre.

Este 10 de mayo, los mexicanos festejamos con buena parte del mundo a las madres, pues el festejo generalizado, propuesto por Anne Jarvis en Estados Unidos a principios del siglo 20 y que se institucionalizara en 1914 por el entonces presidente Woodrow Wilson, se lleva a cabo desde entonces el segundo domingo de mayo, mientras que en México, a propuesta del periodista Rafael Alducin, director del periódico Excélsior en esa época y el filósofo José Vasconcelos, entonces primer Secretario de Educación Pública del País, el festejo se fijó para el 10 de mayo y, dicho sea de paso, se ha convertido en un día de consumo, comercio y melosidad absoluta, muy lejos de los deseos originales de la señora Jarvis, que pretendía rendir homenaje a su madre y a la labor que realizó en vida y a los inteligentes mexicanos Alducin y Vasconcelos que supieron leer a la perfección el cosmos de la sociedad mexicana, cuyo origen, centro y motivo, es la madre.

Casi un siglo de festejos.
En mi caso he pasado por las etapas de los festivales escolares, en las que bailé, declamé y dije discursos, por cierto, en este último mi madre y yo chocamos contra un imprudente conductor que entre sus pasajeros llevaba a una madre en ciernes, los festejos de mi mamá a la suya, las idas al panteón a visitar a mis abuelas y los festejos en restaurantes a los que sólo vamos ese día porque ya no había lugar en ningún otro. También me ha tocado ayudarle a Vale a festejar a su mamá, pero eso es materia de un tratado aparte.

Desde la antigüedad algunas culturas humanas, entre ellas nuestros antepasados, veneraban de algún modo a la maternidad, desde Isis, en Egipto, Rea en Grecia o Cibeles en Roma, hasta la Coyolxauhqui con los Mexicas, principalmente se celebraba la fertilidad, pero finalmente por ahí anda el origen del festejo.

Personalmente diario festejo a mi mamá, bueno, siempre le doy lata, diario le digo que la quiero y el 10 de mayo me parece un día propicio para que, todos aquellos que no sean como yo, repongan las desatenciones y la ausencia del resto del año, y claro, para que miles de establecimientos mercantiles apoyados por los medios y la publicidad, vendan mucho.

Este domingo 10 de mayo de 2020 los mexicanos le dimos tregua al virus, pero no creo que el covid19 nos la haya dado a nosotros, ya veremos en unos días las consecuencias de la relajación de los recientes.

La mamá es la fuente inagotable de comprensión y cariño, es un faro, un puerto, una plataforma de despegue, nadie más en el mundo soporta tanto, por tan poco, abnegada, misteriosa (difícilmente nos interesamos en saber qué siente o piensa), sufre de manera lacónica y todo lo hace a cambio de prácticamente nada. Que fregonas son las mamás.

INMUNIDAD DE GRUPO.

Parece que a esto le apuesta -si es que a algo le apuesta- el gobierno federal, al menos en materia de salud, porque queda claro que esta administración federal es un desastre y será un doloroso trance en el que habrá pérdidas humanas y materiales incontables, es un panorama desolador al que, de menos, llegar será única satisfacción. Difícil pensar con la filosofía del Hakuna Matata, sin embargo, además de cuidarnos mucho y cuidar a los demás, tenemos que cambiar la angustia por entusiasmo, negarnos a creer y difundir noticias falsas -como esas del WhatsApp que cómo han hecho daño- y renacer a la nueva vida como mejores seres humanos, unidos a lo que realmente amamos y apegados a lo verdaderamente importante, porque nada de lo que te quitan duele si ya lo dabas por perdido y nada de lo que te dejan sabe si no peleaste por ello intensamente.

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LA POLÍTICA EN TIEMPOS DE PANDEMIA.

En 1999, buscando la “certeza política” con otros soñadores mexiquenses.

Los políticos lo somos siempre, hasta dormidos interpelamos a nuestros opositores, vemos la política en cada cosa, en cada caso, no somos oportunistas, somos políticos y así como un músico encuentra en cada oportunidad la manera de expresar su arte o un reportero hace noticia de todo, cada apasionado de las artes, los oficios y las disciplinas humanas, busca siempre la arista que perfile su conexión con lo que pasa en su entorno.

Los políticos somos, por principio de cuentas personas interesadas en los temas públicos, hemos desarrollado desde nuestros primeros años las habilidades mínimas que requiere este oficio, elocuencia -que no es otra cosa que el conocimiento ligado a la facilidad para expresarlo y conmover con ello- , liderazgo, visión y mucho sentido común, además de un instinto previsor ideal para imaginar escenarios.

Hay gente política en todo, una homilía dominical no escapa a la política, la selección de los gerentes de una empresa, la gestión de un club, una asociación de vecinos, un salón de clases, en fin, prácticamente toda actividad humana está sometida a la política.

Entendida como eso, el buen político controla los escenarios, dicta sus reglas, impone sus tiempos y lo hace sin que nadie se percate de ello, el buen político es constructor, tejedor, orfebre, porque va colocando, hilando y moldeando las cosas de tal modo que su visión sea la que impere, el político es por tanto hábil, buen negociador y también está dispuesto a ceder, siempre y cuando aquello que cede, ya lo tuviera perdido previamente.

El oficio se vuelve arte cuando se hace magistralmente, es muy fácil ser chismoso o metiche, pero es muy difícil ser una persona enterada y poseedora de información veraz, oportuna, sistemática y lista para usarse; es muy fácil conspirar, elucubrar e inventar, pero es muy difícil planear, esparcir y concretar; el mal político, que ni siquiera llega a serlo en realidad, es apenas un ser despreciable que se queda sin -casi de inmediato- de lo que se requiere en este medio para permanecer: buena reputación. Por el contrario el buen político construye sus opciones, redes y proyectos a partir de la sólida base de su buen nombre, de su confiabilidad y de su respeto.

Todos tenemos derecho a hacer política, pero no todos somos políticos en este amplio sentido del concepto, si bien podemos desarrollar ciertas habilidades con el tiempo y la experiencia, lo cierto es que el buen político nace y solo se va puliendo, va mejorando con los años, va encontrando nuevas maneras de aplicar sus talentos naturales, incluso, esos políticos son los fundadores de nuevas escuelas de políticos, promotores de nuevas generaciones, tan hábiles que logran construir para ellos y para los demás, dejando incluso que -cómo es natural- los rebasen o los traicionen.

Hoy vemos en las redes sociales a personas que han sido candidatos o han tenido cargos de elección popular, hacer esfuerzos pautados, producidos y asesorados mostrando su lado humano y enalteciendo sus virtudes, tristemente no se dan cuenta que las redes sociales personales no son para auto promocionarse, en todo caso deberían de tener páginas hechas por sus seguidores, lo que ha dejado claro que además de oportunistas, son, por decirlo en términos cariñosos, medio bodoques.

El covid19 nos ha domesticado, en el amplio sentido del término y nos ha hecho híper sensibles, ya nada es políticamente correcto, ya cualquier publicación que no exprese solidaridad y admiración es considerada frívola y nuestras percepciones de la realidad se distorsionan con el paso de los días y el distanciamiento social.

Hacer política hoy, no parece oportuno, incluso podría ser considerado más frívolo que mi video del pollo a la cerveza o que las recetas de cocina Gourmet publicadas sin sonrojo por funcionarios de alto nivel, pero no hacer política, también es una manera de hacer política; superada la pandemia veremos pues, quien esta haciendo política y quien, nada más por no dejar, hizo como que hacía.

Finalmente, una reflexión, recordemos que cada red social es distinta, está diseñada por algoritmos que nos entienden y aprenden de nosotros, no sería extraño que estemos consumiendo lo mismo que nosotros aventamos al Leviatán digital.

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Súper héroes, súper hombres y súper mercados 2. Nuestro poder.

Referencias anteriores:

http://gusvazquezlopez.blogspot.com/2012/07/superheroes-superhombres-y-supermercados.html?m=1

Los ciudadanos del mundo y los mexicanos, casi sin excepción, siempre queremos ser poderosos, decidir a veces de maneras subversivas sobre nosotros mismos o nuestro entorno, esa autodeterminación es la base sobre la que se construyen las democracias desde la Grecia antigua.

Nunca como hoy la vida nos había presentado de manera tan amplía la posibilidad de ser tan poderosos, y de qué manera y a qué costo, pues nos brinda el privilegio del poder hacer el bien y evitar el crecimiento de una pandemia que ha matado a miles en el mundo, desde nuestros hogares, lo que sin duda es un privilegio para quienes lo hemos podido costear hasta ahora, pero que por lo mismo se ha convertido en un gran sacrificio revestido de resignación y, en algunos casos, heroísmo.

En otros extremos del aislamiento muchos héroes, por ejemplo, mis amigos que le hacen la vida bella a sus pequeños hijos que recordarán estos días como las vacaciones padres que pasaron en casa porque no pudieron ir a la playa; en otro extremo de mi corazón, el más afligido, están mis seres queridos que tienen la necesidad de trabajar, que siendo parte del sector vulnerable, como millones de mexicanos productivos no pueden darse el lujo de cerrar, mantener nómina, pagar impuestos y mantenerse; en un extremo más allá, mi mamá, sana y fuerte pero ciertamente cercana a los sectores más vulnerables; mis suegros, viejecitos, que han pasado sus cumpleaños en la soledad, tuvieron que salir por sus pensiones y sus apoyos sociales para sortear esta situación; finalmente yo, que he decidido ser mi propio héroe, encerrado primeramente conmigo mismo, a quien debo de controlar y modular el ánimo y el carácter, en la compañía de una esposa enérgica y una hija adolescente, con la grata presencia de 2 perritas hogareñas y cariñosas, heroicas todas ellas, por el simple hecho de hacer equipo, de ser comprensivas y de reforzar nuestro amor.

Nuestro poder, que se diluye conforme nos alejamos de nuestras fortalezas y nos aproximamos a las multitudes (en la viga no hubo héroes) es sobre nosotros mismos, es el control, la devoción y el amor que sentimos por nosotros, que con el tiempo, conforme encontremos la paz interior podremos transmitir a los demás, pero por el momento, basta con ejercerlo en nosotros, esa es la gran responsabilidad.

En las versiones impresas y del celuloide de la historia de Spiderman, el súper héroe personal favorito de su creador, Stan Lee, y el menos mío, la reflexión al poder es la misma: “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad” y diría yo, mucho sacrificio, que es una frase puesta en la voz del tío Ben inspirada por Franklin D. Roosevelt quien la pronunció el 11 de abril de 1945 en el que sería su último discurso a sus compatriotas, pues moriría 2 días después. Hoy a 75 años de distancia retumba la frase del estadista que llegó a las masas de las generaciones que consideramos al cine como cultura, a través de un personaje breve pero permanente en la historia de un súper héroe que tiene que madurar a la mala y que en su camino no toma las mejores decisiones, como buen adolescente o cómo cualquier presidente mañanero.

Desde muy niño, sentado en mi sillón verde frente a la tele Phillips a color en la recámara de la casa de mi madrina y tía Tuta, en Santiago Tianguistenco y en todas las ocasiones posteriores que repetí la historia, “el síndrome de Spiderman” (no detener al ladrón que mataría a su tío) me azora invariablemente cuando no me hago responsable de alguna acción que pudiera reaccionar en cadena dañando lo que es más importante para mi. Reconozco que no es la mejor causa para actuar, pero con el tiempo la he ido revistiendo de otras cualidades que me van pareciendo más nobles.

Así, con el poder de evitar contagiarme y portar el virus, me he reencontrado con mi lectura, que es casi siempre la fuente de mi escritura, con espacios olvidados en el diván de la memoria, con telarañas que limpiar y con cosas por hacer, seré un héroe personal que me llevará a la siguiente aventura, porque definitivamente en esta esquina no me quiero bajar.

Ustedes también pueden ser héroes, desde el egoísmo de su válida preocupación por ustedes mismos, desde el aislamiento, desde la inacción, con nuestras publicaciones en redes sociales, viviendo nuestros reality shows en búsqueda de un like, o mejor aun, sean los súper héroes que sobreviven a una dura prueba y lo hacen más fuertes, más sabios y más conscientes.

No se cuánto nos quede de encierro y apenas puedo imaginar cómo será el mundo después, hoy más que nunca hacen falta humanos que crezcan espiritualmente, que aprendan a usar las manos, a producir lo necesario para el auto consumo, a valerse de cabo a rabo por nosotros mismos; vislumbro sociedades más pobres, pero más conscientes, ojalá más igualitarias y respetuosas del planeta, quiero pensar que seremos un mundo de mejores seres humanos, que expuestos a nosotros mismos, habremos entendido que si empezamos por nosotros, será más fácil ser solidario con los demás.

PD. El súper.
Mis excursiones al súper han terminado, desde que el Gobernador del Estado de México ha recomendado el uso de cubre bocas al salir, mucha gente sigue sin usarlo, “no hay”, “regálemelo usted”, me responden cuando respetuosamente, poniendo mi mano derecha sobre mi corazón les explico la recomendación de la autoridad y sin darse cuenta de que lo pueden improvisar desde casa; así que, como para curar locuras e inconsciencias todavía no tengo poderes, mis únicas y aventuradas salidas, han quedado suspendidas. Dios los bendiga y los ilumine.

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Cómo adelgazar y no engordar en el intento.

Soy gordo desde casi siempre, tal vez durante los primeros 7 u 8 años de mi vida no, pero ya para quinto de primaria me ponía los pantalones de mi papá y en la secundaria me desarrollé antes que la mayoría de mis compañeritas, de ahí mi manía por estirarme la prenda de ropa que me cubra el torso, de la que Jorgito Gómez hace perfecta burla.

Mi mamá confiaba en que adelgazaría durante la adolescencia, como le había ocurrido a sus hermanos, pero no pasó, o sea que para 1994 comenzó nuestro tour de dietistas y nutriólogos y una buena variedad de regímenes alimenticios bien distintos entre ellos, todos incómodos, difíciles y estresantes, pero al final los resultados lo valían, pude terminar la prepa no tan gordito, podía comprar mi ropa en tiendas comerciales y hacía mucho deporte, curiosamente fue la época de mi vida que más burlas y apodos recibí, sin duda yo pesaba mucho, pero mis compañeros de prepa fueron más pesados.

En 1997 había recuperado mi peso y ya era un gordo consagrado, mi amigo Tanis me hacía la ropa, muy padre por cierto, seguía jugando mucho frontenis, me levantaba temprano para la escuela y siempre almorzaba fuerte, comía bien, vasto y variado -comer en casa de mi mamá es además de una bendición, una delicia- casi todos los días comía palomitas de maíz hechas en olla y cenaba mucho. Para el año 2000 pesaba 138 kilos, el peso más grande del que tengo registro.

Sin embargo en esa época estar gordo no me representaba problemas, era joven y sano, me movía bien, tenía novia y pretendientas y un par de arquetipos más gordos que yo, así que ser “el gordo” era cool.

En 2004 pesaba 113 kilos, sin dieta ni nada, tal vez el cambio de hábitos por la dinámica de la vida me ayudó a perder mucho peso, aunque seguía siendo grande y ya casi no hacía ejercicio.

En 2007 cuando el segundo de mis arquetipos gordo decidió dejar de serlo -el otro ya no lo era- me animó a seguirle el paso y comencé a ir con sus nutriólogas, nos fue muy bien, baje hasta los 90 y para 2009 por ahí me mantenía, en esa época ya me echaba mis chelas o mis vodkas franceses y comenzó mi estrecha relación con el Macallan.

Compré mi caminadora, en la que he recorrido miles de kilómetros en fijo y visto miles de horas de series y películas. Recuperé peso, la caminadora cambió su vocación y se hizo tendedero y volví a la ropa de tallas extras y a los trajes hechos a medida, prácticamente todo 2010 y 2011 me dediqué al hedonismo, comí bien y sabroso, pero ya comenzaba a sentirme fatigado.

Así llegué a la madre de todas las dietas, la cetosis, un proceso metabólico en el que al suprimir el consumo de carbohidratos, el cuerpo comienza a utilizar la grasa acumulada para generar energía y eso, sumado a buenas dosis de actividad física ayuda a perder peso muy rápido, es la base de las famosas dietas keto, tan de moda en estos tiempos.

En 3 meses bajé 30 kilos,
no comía nada, solo tomaba licuados de proteína, llegué a dar un discurso en el aniversario de la clínica de nutrición del ABC y consumía mis mañanas y noches en el gimnasio, comencé a hacer carreras de 5 y 10 kilómetros y pude hacer un par de triatlones en sitio, era mi ídolo.

En 2013 agotado el tratamiento de “los licuados” me inscribí al 54D, un entrenamiento riguroso de una hora diaria, 6 días a la semana, durante 9 semanas, pase de ser un flacucho a un señor fortachón, eso duró muy poco.

Para finales del 2014 había disminuido mi intensidad en el ejercicio y había adquirido placer por las sobremesas, tanto que el cardiólogo en determinado momento de recomendaciones, entre otras me dio la de levantarme temprano, a lo que respingué de inmediato, “doctor yo siempre me levanto temprano”, “de la mesa” dijo el galeno.

En 2015 comencé a trabajar en el centro de la capital, 2 horas de ida, 90 minutos de regreso, horarios prolongados y decenas de alternativas culinarias tentadoras me llevaron a la cumbre del rebote, 125 kilazos llegué a pesar hasta diciembre del 2018, cuando por recomendación médica y después de que le expliqué a ese doctor todas las veces que había bajado y subido de peso, acudí al bariatra para someterme a la cirugía de by pass gástrico, que afortunadamente no me hice pues de entre todos los especialistas que tuve que ver por esos días visité a una joven endocrinóloga e internista, que de buen modo, me llevó en cuestión de meses a alcanzar un equilibrio maduro y consciente, gracias a la constante y permanente revisión de mis niveles de glucosa, aprendes lo que ya sabes, pero te vuelves consciente de lo que te provocará el arroz chino, la pasta, los postres o el chupe, también aprendes a usar la actividad física en tu favor e incluso a docificarte los gustos.

En esas ando ahora, decenas de dietas después, lo que tuve que haber aprendido de niño y que hubiera sido toda la diferencia, era a comer bien y ¿qué es comer bien? Pues sencillo, el plato del bien comer y vivir bien, y ¿cómo es vivir bien? Con disciplina, con equilibrio, sin excesos.

Entonces, es lógico que en esta aciaga cuarentena, esté perdiendo peso, pues me he ceñido a 2 filosofías de vida que me han servido mucho siempre: crear hábitos después de repetir 21 días seguidos la actividad deseada y la práctica de una vida virtuosa de Benjamin Franklin. (Les comparto los links)

Me levanto temprano, me informo mientras me libero, (if you know what I mean) me ejercito, me baño, me medico, desayuno, voy a mi despacho y estudio, escribo, leo, planeo, busco ser útil desde casa, ayudo a quienes han tenido ideas creativas a ejecutarlas y llevarlas a cabo, tomo una colación sana, bebo mucha agua, como en paz con mi familia, a veces con una cerveza o un vinito, y por la tarde me relajo leyendo, viendo tele y ayudo a Vale con las tareas, meriendo muy ligero y me voy a la cama sin ver noticias, y volvemos a empezar.

Suena aburrido pero no lo es, cada día es distinto, veo algo distinto mientras me ejercito, como diferente, me enfrento a nuevos retos, platico de cosas diferentes, ayudo a Vale con nuevas tareas, leo páginas nuevas, veo un nuevo capítulo de alguna serie, en fin, en la simpleza de la rutina casera, en la que debemos ser pacientes, prudentes y respetuosos he logrado la armonía y el equilibrio tan necesarios en este difícil momento.No deseo predicar, no podría pues mi lucha con el sobrepeso continúa, pero espero que de algo le sirva mi experiencia a quien pasa lo que yo, o mejor aun a quienes siendo niños o jóvenes todavía, pueden evitar este duro y pesado recorrido.

https://hakunamatata.guru/2017/10/13/virtudes/

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EL PARAÍSO DE LOS PROCRASTINANTES. LA RUTINA DE LA CONTINGENCIA.

La dieta del lunes, los propósitos de año nuevo, ofrecer disculpas, cumplir compromisos, hacer los deberes, tender la cama, atenderse ese extraño dolor que persiste, los seres humanos, pero particularmente los mexicanos somos especialistas en retrasar o postergar todo aquello que nos resulta complejo, difícil o incómodo y sustituirlo por actividades más placenteras y adecuadas a nuestra comodidad, eso es procrastinar.

Mientras el mundo entero se vuelca en una contingencia sin precedentes, el gobierno de México apenas y toma algunas medidas preventivas y no prohibitivas ante la pandemia declarada por la Organización Mundial de la Salud hace unos días, las circunstancias o los motivos de la desproporción pueden ser muchas, algunas más entendibles que otras, unas de plano extrañas, como anunciar una semana antes que “las vacaciones de semana santa” así lo dijo el Secretario de Educación Publica, se adelantaban y serian del 20 de marzo al 20 de abril.

Los mexicanos, la inmensa mayoría de los mexicanos, vivimos al día, muchos sin ahorros, muchos más sin crédito, casi todos con deudas y compromisos impostergables, que son las razones de la movilidad de nuestra economía -la necesidad- por ello detener la economía sería letal para millones, sin embargo la incertidumbre proyectada en las compras de pánico en los super mercados y las gasolineras demuestran que la economía ya sufre las consecuencias de la pandemia que, si bien es cierto, no ha terminado por instalarse en el país, lo hará muy pronto.

Somos una sociedad acostumbrada a vivir al filo del peligro, salimos diario de casa conscientes de que cualquier cosa puede pasar, a falta de parques recreativos o temáticos, los malos vuelven un viaje en el transporte público toda una experiencia en la que -si no te pasa nada- al menos viajaste con la adrenalina al tope; diario vemos en las noticias de los medios tradicionales o en las redes sociales, cosas atroces, solo asimilables gracias al poder de la repetición, de la que también las televisoras tienen la culpa (hay goles de la selección que me sé de memoria), pero no del mismo caso espeluznante, sino de cientos, incluso de miles de noticias que nos han puesto la piel muy gruesa.

Los humanos procrastinamos porque así somos, a nadie le gusta el dolor, a nadie le gusta enfrentar una o muchas situaciones difíciles, por eso comenzamos la dieta los lunes, aunque apenas sea martes, por eso saturamos los gimnasios y los parques en enero, por eso siempre hay algo que arreglar, platicar o enmendar, por eso hay tantas enfermedades mortales que no lo hubieran sido si se hubieran detectado a tiempo, por eso ahora gobierna la incertidumbre en un país que, acostumbrado a las tragedias, todavía no avisora o tal vez porque ya lo haya hecho, ha decidido ignorar al mundo y esperar estoicamente lo que el famoso virus traiga.

LA RUTINA DE LA CONTINGENCIA.

Mientras tanto, la segregación de los cuidados es tal que parece que hay más modos de afrontar una pandemia que clases sociales, mientras unos de plano se encierran y procuran no volverse locos mostrando lo mejor de su vida en las redes sociales, otros en el extremo, acuden a restaurantes, van de fiesta o hasta se casan, ya ni que decir de los besos, los abrazos y los actos multitudinarios protegidos, desde luego, por milagrosas estampitas.

En el dilema de ser de unos o de otros, en el inmenso océano de noticias, videos e información que llega a raudales por WhatsApp, forzosamente haremos una pausa, sin más no nos quedará de otra que convivir con nosotros mismos, aún más delicado, con nuestras familias, esos seres que retratamos arregladas, por las que damos la vida y salimos a buscarnos el sustento, que queremos entrañablemente pero, que en la nueva dimensión del cautiverio estarán tan irritables como en su peor día. Paciencia, mucha paciencia con los hijos y con la pareja, si hay que despilfarrar algo en esta época es amor, incondicional, absoluto, pasaremos nuestros días enteros con quienes de manera romántica decidimos hacerlo en una cumbre muy alta de nuestros sentimientos, hoy ante el estresante panorama que nos espera debemos recordar porque creamos estas familias, porque vivimos con estas parejas y porque nos desvivimos allá afuera por las personas con las que estaremos aquí, adentro.

Ya son muchos los memes, las noticias y las recomendaciones de todos, gracias a Dios los algoritmos de nuestras redes nos enseñan solo la parte que consideran más conveniente para nosotros, pero no está de más externarles que es importante levantarse a buena hora, tomar los alimentos a la misma hora, tomar colaciones, hacer ejercicio, trabajar, leer, cultivarse, pasar tiempo de calidad con la familia, darnos un gusto, comer algo sabroso, tomar una copa de vino o un digestivo, disfrutar un rato de soledad para relajarnos y aprovechar el tiempo en casa para acomodar el closet, el librero y las prioridades.

Que Dios nos cuide y si en esta vuelta me toca bajarme, ha sido un placer.

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