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Trump- AMLO. El encuentro que podría cambiarlo todo.

La visita salió bien.

Sabíamos que no tocarían temas álgidos, que amlo no entregaría un ejemplar de su libro, del que seguramente Trump tiene conocimiento, pero ¿qué más da? Para él cualquier publicidad es sensacional, se preveía un escenario penoso, en el que la figura presidencial mexicana saldría abollada, pero no fue así.

Ahí en el legendario jardín de las rosas de la casa ubicada en avenida Pensilvania 1600, los halagos, los agradecimientos y los adjetivos de admiración y respeto fueron lo común, Trump fue dulce, digamos que hasta cariñoso, vale la pena ver cómo miraba a AMLO, seguramente ve al mexicano como alguien fuera de serie, un apóstol, un verdadero luchador social, que combate contra lo peor que le dejaron sus antecesores, un adalid anti sistema, y lo ve así porque se refleja en él, a pesar de las grandes diferencias, los une su gran capacidad de conectar y entenderse con un amplio sector del electorado.

Justo a tiempo, antes de la cena que tendrían con empresarios (esos a los que Andrés desprecia en público pero apapacha y escucha en privado y a los que Trump ve como iguales y por ende en algunos casos aliados y en otros rivales, Business are Business) llegó un regalo directo de la Florida, la detención de César Duarte, el exgobernador de Chihuahua, perseguido por muchas causas penales locales de su estado y una federal, señalado, más allá de su cuantiosa fortuna, de sus interminables ranchos, por haber mochado los sueldos de los funcionarios de su gobierno para, supuestamente, mandarlo al PRI, lo que por cierto le costó la expulsión del Partido.

Así, seguramente en el primer plato, los jitomates de verano con emulsión de ajo negro, ya se hablaba con entusiasmo del tema y el idilio continuaba, promesas de inversión por aquí, promesas por allá, no duden que hasta ya entrado el postre el avión que no tiene ni Obama se hizo presente en la charla. Y ahí, alejados, muy alejados de la dura realidad que viven millones de sus gobernados, sin sana distancia, sin cubre bocas -por supuesto que cada asistente tuvo que pasar el protocolo-, ahí, en la morada más representativa del mundo occidental, aquellos dos, se sintieron cómodos y listos para lo que viene.

Si conectan de hit y Trump atenúa su discurso con los 36 millones de mexicanos que ya están allá y los incluye en la población que quiere proteger de los caminantes más allá del muro, habrá logrado el cometido de llevar, al todavía popular presidente, a recibir elogios, ¿quién sabe?, pero en una de esas, les sale su jugada.

No solo Trump, sino sus estrategas saben perfectamente bien que dividir les funciona y parece que ahora nos va a dividir a los mexicanos, fíjense que curioso, en su territorio buscará el apoyo de los “mexican americans”, a quienes buscará echar en su bolsa izquierda, manteniendo en la derecha a su base, a la que le seguirá hablando como sabe, alabando el muro, grande y bello y exaltando su nacionalismo, 2 discursos, un mismo mentiroso. De este lado, la base de Obrador comenzará a ver a Trump diferente, porque su líder ya no lo ataca, ya son iguales, son amigos.

Mientras tanto el Covid19 siguió su paso aterrador y desolador, Guanajuato siguió violento, la confusión es lo que domina en las reaperturas comerciales, nuestro sistema de salud agoniza, vamos de bajada rumbo a una crisis económica durísima, pero si, la reunión de los presidentes, salió bien.

P.D. Si a todos los simbolismos que envolvieron la visita les hubiera faltado algo, ya de regreso el presidente de México, hará escala ¿en dónde creen? En Miami, donde precisamente ayer detuvieron a Duarte.

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