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Se buscan líderes.

México tiene serios problemas, pero no hay gente seria al frente del gobierno federal intentando resolverlos, los mexicanos tenemos muchas preguntas pero hasta ahora no hay nadie que las responda.

Nuestra economía está contraída y se deprimirá en los próximos meses, la inseguridad escala como enredadera sin que nada ni nadie tenga idea de cómo detenerla, nuestro colapsado sistema de salud, que sufrió el peor retroceso de su historia involucionando del seguro popular al INSABI, está en crisis y sometido por la peor pandemia que le ha tocado vivir al mundo conectado y globalizado, el empleo se desangra, la sociedad se deteriora y el actor principal de los shows de la mañana parece feliz ante el resultado de lo que para él es el escenario perfecto, lo que le va “como anillo al dedo”.

Voces lejanas, temerosas, incomprendidas, sin la viralidad y sin la difusión o el apoyo virtual organizado, se escuchan hablando de estos problemas y de muchos más, pero hacen mutis en las propuestas.

Soberanamente algunos gobernadores, se han unido en frente común en la defensa del profederalismo, hacen bien a medias, defienden los qué’s pero no asumen los cómo’s.

Los cientos de legisladores federales, los miles de locales, los miles de alcaldes y los muchos más integrantes de los cabildos viven una especie de sueño profundo y quien se atreve a despertar es recibido con el martillo del sometimiento, con las hordas de chairos, que son el preludio de un ejército que antes atacaba gobiernos, violentaba protestas, rapiñaba tiendas y hoy es la primer línea de defensa de su persistente y terco líder, si su líder, el único que aparece en la escena amedrentando a cualquiera que quiera robarle algo de protagonismo, tan empeñado en cuidar su trabajo, que se le ha olvidado por completo cumplir con su trabajo.

La gente se va con quien le habla, con quien acostumbrado a hacer campaña le dice a sus seguidores las dos cosas que quieren escuchar:
-lo que está mal, y
-a quien echarle la culpa.

Ha llegado el momento de hacer las cosas posibles, de reinventarnos y de olvidarnos de lo que nos hace diferentes y buscar las coincidencias, requerimos de inmediato nuevas soluciones a las situaciones inéditas y grandes respuestas a nuestros graves problemas.

Se buscan líderes, requerimos gente común, haciendo cosas extraordinarias, seres humanos que se equivocan pero que saben reconocerlo y enmendar el camino, necesitamos personas decentes e íntegras, buscamos vecinos confiables, de esos que siempre están dispuestos a ayudar, precisamos de líderes entregados a causas justas.

Necesitamos jóvenes que propongan, ya son muchos los opinadores, no necesitamos que nos expliquen el mundo, necesitamos que nos ayuden a arreglarlo.

Necesitamos personas que más que saber manejar los medios, sepan decir la verdad, necesitamos personas confiables y no influencers, necesitamos propuestas y no consignas, acciones y no retórica.

Nos urgen servidores públicos que busquen los puestos para servir y que sepan, entiendan y asuman que su retribución es su sueldo y no las comisiones o los negocios, negocios que por cierto es lo que buscan hacer algunos de los empresarios que repentinamente aspiran a cargos públicos.

Lo que no necesitamos es oportunistas, imitadores del retroceso, amantes de si mismos, amargados y rencorosos buscadores de revancha, no necesitamos que el “ci y ou” de una empresa nos use de su espejo de Blanca Nieves, pero si necesitamos a sus trabajadores que son los que en realidad hacen posibles las cosas, no necesitamos inspirados y ocurrentes espontáneos, porque para azuzar a un toro pasándole corriendo por enfrente cualquiera puede hacerlo, necesitamos novilleros y matadores que hagan las faenas completas y que, si al final no escuchan aplausos o salen en hombros, sientan que igual han cumplido con su deber.

Pasar a la acción es bien sencillo:

1. Hagamos lo que nos toca y un poco más.

2. Asumamos nuestros errores, limitaciones y complejos y trabajemos en ellos.

3. Seamos congruentes, apoyemos causas que en realidad nos interesan.

4. Vivamos en la realidad, decorosamente, a quien algo le sobra, entonces ya tiene cómo ayudar a quien algo le falta.

5. Clamemos justicia, jamas volvamos a permitir que se cometan actos de desigualdad, abuso o injusticia en nuestra presencia.

6. Aprendamos cada día a ignorar menos y a entender que nunca vamos a saberlo todo.

7. Entendamos nuestras habilidades, convirtámoslas en virtudes y usémoslas como herramientas para mejorar nuestras vidas y nuestro entorno.

8. Hablemos de lo que nos gusta y pensemos en cómo cambiar lo que no nos gusta, expresemos halagos, cumplidos, palabras de apoyo, callemos todo lo que no aporte ni construya.

9. Seamos persistentes, en creer en nosotros, en amar a los nuestros, en respetar a los demás, en ayudar a quien lo necesita, en defender nuestros ideales, eso alimenta el espíritu, que es lo primero que van a querer quebrarnos.

10. Todo cuesta, nada es gratis ni mágico ni inmediato y la única manera de lograr lo que sea que queramos, es trabajando.

No hay ni habrá regreso a la nueva normalidad, pero si hay un antes y un después, y deseo de corazón que todos trabajemos para que ese después, sea mucho mejor que el antes.

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