Sin categoría

REGRESO A LA NUEVA NORMALIDAD*

*(Frase utilizada en la mañanera del 13 de mayo).

Por definición, es imposible.

Regresar implica volver, retornar, retomar algo que ya conocemos, entendemos o hicimos, yo no puedo regresar a Paris por el simple hecho de que nunca he estado ahí. Así de absurdo es el concepto de regresar a algo nuevo.

Regresar a la nueva normalidad, es una frase al aire, que no ha sido pensada, que carece de sentido, estructura y profundidad, sin propósito y llena de incertidumbre, ignorancia e inconsciencia y que ni siquiera cuenta con la jocosidad de las frases que acuñaba el popular candidato, vaya, se puede decir que es una frase representativa del modo de actuar del gobierno.

Desde hace varias semanas, y muchos de mis amigos con los que he platicado pueden confirmarlo, estoy convencido de que el mundo es otro, de que estas temporadas de encierro obligatorio serán nuestra cotidianidad, de que a pesar de lo gratos y efectivos que son, daremos menos abrazos y besos, de que veremos feo a los que no tengan la cortesía en la tos y el estornudo o no respeten la sana distancia; mejoraremos y reforzaremos nuestros hábitos de lavado de manos y le haremos el agosto a los productores de gel antibacterial y todas esas chunches que usamos para desinfectar.

Hoy, aunque ya hay vacuna contra la influenza H1N1, hay personas que siguen muriendo a causa de ese padecimiento, vemos con preocupación brotes de sarampión, que se suponía erradicado, sigue sin haber una vacuna para el VIH y existen muchas enfermedades que nos siguen matando, unas más prevenibles que otras, pero que son igual de urgentes de atender; cómo me gustaría que en lugar de cantar, nuestra primera dama le copiara a Michelle Obama y comenzara una feroz lucha contra la comida chatarra que tanto daño hace a los humanos en sus primeros años, pero no va a pasar; como me gustaría que nuestros legisladores, todos, modelaran un sistema legal basado en la prevención, que le cobrarán más impuestos a las bebidas azucaradas y los alimentos con altos contenido de sodio, grasas saturadas, carbohidratos y azúcar, que regularan el
asunto -todo, completo- de la marihuana, pero no va a pasar; como me gustaría que el gobierno estuviera del lado de la solución y no buscando rivales en los molinos de viento, analogía que hasta me parece benévola, porque el ingenioso hidalgo que nos regaló Cervantes, tenía ideales limpios y claros.

Hemos superado casi 60 días de temor, de encierro, de hartazgo, de depresión, de entusiasmo, de carencias, de inventiva, de enojo, de decepción, de frustración, de nostalgia, de despeño digital, pero nadie puede decir que han sido días perdidos o desperdiciados, porque fuimos capaces de pasar por todos esos estados y superarlo, eso nos hace mejores, hemos tenido tiempo de estar con nosotros mismos, de fijarnos que la apariencia no es solo para los demás sino para nosotros, nos descubrimos inventores, cocineros, expertos en cómo pasar el rato, entendimos que el trabajo requiere dedicación, constancia y atención, en el lugar que sea, también aprendimos que de nada vale el precio de la gasolina si no tenemos a dónde ir; aprendimos a valorar la salud, perdimos amigos, seres queridos, ganamos experiencia, paciencia, prudencia, algunos hasta aprendimos a ser auto sustentables aunque sea en una versión muy urbana; entendimos que la disciplina es más fuerte que el hastío y que los pequeños detalles, que nos brindan la luna, las flores, los perros, los sabores, las palabras dulces, la compañía, la solidaridad, la calma, son todo lo que necesitamos para ser felices.

Vimos con decepción a los que están del otro lado, a los que ignoran, a los necios, a los obstinados, hoy son más visibles que nunca, se les nota a leguas hasta en la manera de usar un cubre bocas por abajo de la nariz, pero, hasta a pesar de ellos debemos seguir adelante, ahora que regresemos a las calles, el aislamiento lo debemos aplicar hacia esas personas que no se cuidan y que desde luego representan un riesgo para los demás.

Aprendimos que las maestras y los maestros son mucho más que sólo docentes a quienes delegamos la tarea más importante de la paternidad, enseñar, porque también aprendimos que el carácter, los valores y los modales se inculcan en casa pero se refuerzan y ponen a prueba en el entorno social de la escuela, en donde los profesores son, sin duda, los que saben.

También aprendimos que votar es un acto de mucha consciencia, no solo de rechazo, castigo o apoyo a tal o cual ideología o forma de gobernar; superaremos ahora el voto de castigo, el abstencionismo o el voto emocional, después de la experiencia mundial de los años recientes el voto debe ser por la persona que se vea más sensata que nos garantice que vive en la realidad y que sus revanchas, complejos o bajas pasiones no lo dominarán, quizá eso no exista y también cambie la forma en que decidamos gobernarnos.

Viviremos en crisis, con limitaciones, riesgos, peligros y pesares, con una economía endeble, con inseguridad, bajo el régimen de un gobierno que no se anda con rodeos y calla, descalifica y elimina a lo que no le conviene o le va cómodo, pero viviremos y si algo hemos aprendido los humanos de las crisis devastadoras, es que el renacimiento tiene resplandor, orgullo y fortaleza. Así sea.

Estándar