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LA POLÍTICA EN TIEMPOS DE PANDEMIA.

En 1999, buscando la “certeza política” con otros soñadores mexiquenses.

Los políticos lo somos siempre, hasta dormidos interpelamos a nuestros opositores, vemos la política en cada cosa, en cada caso, no somos oportunistas, somos políticos y así como un músico encuentra en cada oportunidad la manera de expresar su arte o un reportero hace noticia de todo, cada apasionado de las artes, los oficios y las disciplinas humanas, busca siempre la arista que perfile su conexión con lo que pasa en su entorno.

Los políticos somos, por principio de cuentas personas interesadas en los temas públicos, hemos desarrollado desde nuestros primeros años las habilidades mínimas que requiere este oficio, elocuencia -que no es otra cosa que el conocimiento ligado a la facilidad para expresarlo y conmover con ello- , liderazgo, visión y mucho sentido común, además de un instinto previsor ideal para imaginar escenarios.

Hay gente política en todo, una homilía dominical no escapa a la política, la selección de los gerentes de una empresa, la gestión de un club, una asociación de vecinos, un salón de clases, en fin, prácticamente toda actividad humana está sometida a la política.

Entendida como eso, el buen político controla los escenarios, dicta sus reglas, impone sus tiempos y lo hace sin que nadie se percate de ello, el buen político es constructor, tejedor, orfebre, porque va colocando, hilando y moldeando las cosas de tal modo que su visión sea la que impere, el político es por tanto hábil, buen negociador y también está dispuesto a ceder, siempre y cuando aquello que cede, ya lo tuviera perdido previamente.

El oficio se vuelve arte cuando se hace magistralmente, es muy fácil ser chismoso o metiche, pero es muy difícil ser una persona enterada y poseedora de información veraz, oportuna, sistemática y lista para usarse; es muy fácil conspirar, elucubrar e inventar, pero es muy difícil planear, esparcir y concretar; el mal político, que ni siquiera llega a serlo en realidad, es apenas un ser despreciable que se queda sin -casi de inmediato- de lo que se requiere en este medio para permanecer: buena reputación. Por el contrario el buen político construye sus opciones, redes y proyectos a partir de la sólida base de su buen nombre, de su confiabilidad y de su respeto.

Todos tenemos derecho a hacer política, pero no todos somos políticos en este amplio sentido del concepto, si bien podemos desarrollar ciertas habilidades con el tiempo y la experiencia, lo cierto es que el buen político nace y solo se va puliendo, va mejorando con los años, va encontrando nuevas maneras de aplicar sus talentos naturales, incluso, esos políticos son los fundadores de nuevas escuelas de políticos, promotores de nuevas generaciones, tan hábiles que logran construir para ellos y para los demás, dejando incluso que -cómo es natural- los rebasen o los traicionen.

Hoy vemos en las redes sociales a personas que han sido candidatos o han tenido cargos de elección popular, hacer esfuerzos pautados, producidos y asesorados mostrando su lado humano y enalteciendo sus virtudes, tristemente no se dan cuenta que las redes sociales personales no son para auto promocionarse, en todo caso deberían de tener páginas hechas por sus seguidores, lo que ha dejado claro que además de oportunistas, son, por decirlo en términos cariñosos, medio bodoques.

El covid19 nos ha domesticado, en el amplio sentido del término y nos ha hecho híper sensibles, ya nada es políticamente correcto, ya cualquier publicación que no exprese solidaridad y admiración es considerada frívola y nuestras percepciones de la realidad se distorsionan con el paso de los días y el distanciamiento social.

Hacer política hoy, no parece oportuno, incluso podría ser considerado más frívolo que mi video del pollo a la cerveza o que las recetas de cocina Gourmet publicadas sin sonrojo por funcionarios de alto nivel, pero no hacer política, también es una manera de hacer política; superada la pandemia veremos pues, quien esta haciendo política y quien, nada más por no dejar, hizo como que hacía.

Finalmente, una reflexión, recordemos que cada red social es distinta, está diseñada por algoritmos que nos entienden y aprenden de nosotros, no sería extraño que estemos consumiendo lo mismo que nosotros aventamos al Leviatán digital.

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