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Cómo adelgazar y no engordar en el intento.

Soy gordo desde casi siempre, tal vez durante los primeros 7 u 8 años de mi vida no, pero ya para quinto de primaria me ponía los pantalones de mi papá y en la secundaria me desarrollé antes que la mayoría de mis compañeritas, de ahí mi manía por estirarme la prenda de ropa que me cubra el torso, de la que Jorgito Gómez hace perfecta burla.

Mi mamá confiaba en que adelgazaría durante la adolescencia, como le había ocurrido a sus hermanos, pero no pasó, o sea que para 1994 comenzó nuestro tour de dietistas y nutriólogos y una buena variedad de regímenes alimenticios bien distintos entre ellos, todos incómodos, difíciles y estresantes, pero al final los resultados lo valían, pude terminar la prepa no tan gordito, podía comprar mi ropa en tiendas comerciales y hacía mucho deporte, curiosamente fue la época de mi vida que más burlas y apodos recibí, sin duda yo pesaba mucho, pero mis compañeros de prepa fueron más pesados.

En 1997 había recuperado mi peso y ya era un gordo consagrado, mi amigo Tanis me hacía la ropa, muy padre por cierto, seguía jugando mucho frontenis, me levantaba temprano para la escuela y siempre almorzaba fuerte, comía bien, vasto y variado -comer en casa de mi mamá es además de una bendición, una delicia- casi todos los días comía palomitas de maíz hechas en olla y cenaba mucho. Para el año 2000 pesaba 138 kilos, el peso más grande del que tengo registro.

Sin embargo en esa época estar gordo no me representaba problemas, era joven y sano, me movía bien, tenía novia y pretendientas y un par de arquetipos más gordos que yo, así que ser “el gordo” era cool.

En 2004 pesaba 113 kilos, sin dieta ni nada, tal vez el cambio de hábitos por la dinámica de la vida me ayudó a perder mucho peso, aunque seguía siendo grande y ya casi no hacía ejercicio.

En 2007 cuando el segundo de mis arquetipos gordo decidió dejar de serlo -el otro ya no lo era- me animó a seguirle el paso y comencé a ir con sus nutriólogas, nos fue muy bien, baje hasta los 90 y para 2009 por ahí me mantenía, en esa época ya me echaba mis chelas o mis vodkas franceses y comenzó mi estrecha relación con el Macallan.

Compré mi caminadora, en la que he recorrido miles de kilómetros en fijo y visto miles de horas de series y películas. Recuperé peso, la caminadora cambió su vocación y se hizo tendedero y volví a la ropa de tallas extras y a los trajes hechos a medida, prácticamente todo 2010 y 2011 me dediqué al hedonismo, comí bien y sabroso, pero ya comenzaba a sentirme fatigado.

Así llegué a la madre de todas las dietas, la cetosis, un proceso metabólico en el que al suprimir el consumo de carbohidratos, el cuerpo comienza a utilizar la grasa acumulada para generar energía y eso, sumado a buenas dosis de actividad física ayuda a perder peso muy rápido, es la base de las famosas dietas keto, tan de moda en estos tiempos.

En 3 meses bajé 30 kilos,
no comía nada, solo tomaba licuados de proteína, llegué a dar un discurso en el aniversario de la clínica de nutrición del ABC y consumía mis mañanas y noches en el gimnasio, comencé a hacer carreras de 5 y 10 kilómetros y pude hacer un par de triatlones en sitio, era mi ídolo.

En 2013 agotado el tratamiento de “los licuados” me inscribí al 54D, un entrenamiento riguroso de una hora diaria, 6 días a la semana, durante 9 semanas, pase de ser un flacucho a un señor fortachón, eso duró muy poco.

Para finales del 2014 había disminuido mi intensidad en el ejercicio y había adquirido placer por las sobremesas, tanto que el cardiólogo en determinado momento de recomendaciones, entre otras me dio la de levantarme temprano, a lo que respingué de inmediato, “doctor yo siempre me levanto temprano”, “de la mesa” dijo el galeno.

En 2015 comencé a trabajar en el centro de la capital, 2 horas de ida, 90 minutos de regreso, horarios prolongados y decenas de alternativas culinarias tentadoras me llevaron a la cumbre del rebote, 125 kilazos llegué a pesar hasta diciembre del 2018, cuando por recomendación médica y después de que le expliqué a ese doctor todas las veces que había bajado y subido de peso, acudí al bariatra para someterme a la cirugía de by pass gástrico, que afortunadamente no me hice pues de entre todos los especialistas que tuve que ver por esos días visité a una joven endocrinóloga e internista, que de buen modo, me llevó en cuestión de meses a alcanzar un equilibrio maduro y consciente, gracias a la constante y permanente revisión de mis niveles de glucosa, aprendes lo que ya sabes, pero te vuelves consciente de lo que te provocará el arroz chino, la pasta, los postres o el chupe, también aprendes a usar la actividad física en tu favor e incluso a docificarte los gustos.

En esas ando ahora, decenas de dietas después, lo que tuve que haber aprendido de niño y que hubiera sido toda la diferencia, era a comer bien y ¿qué es comer bien? Pues sencillo, el plato del bien comer y vivir bien, y ¿cómo es vivir bien? Con disciplina, con equilibrio, sin excesos.

Entonces, es lógico que en esta aciaga cuarentena, esté perdiendo peso, pues me he ceñido a 2 filosofías de vida que me han servido mucho siempre: crear hábitos después de repetir 21 días seguidos la actividad deseada y la práctica de una vida virtuosa de Benjamin Franklin. (Les comparto los links)

Me levanto temprano, me informo mientras me libero, (if you know what I mean) me ejercito, me baño, me medico, desayuno, voy a mi despacho y estudio, escribo, leo, planeo, busco ser útil desde casa, ayudo a quienes han tenido ideas creativas a ejecutarlas y llevarlas a cabo, tomo una colación sana, bebo mucha agua, como en paz con mi familia, a veces con una cerveza o un vinito, y por la tarde me relajo leyendo, viendo tele y ayudo a Vale con las tareas, meriendo muy ligero y me voy a la cama sin ver noticias, y volvemos a empezar.

Suena aburrido pero no lo es, cada día es distinto, veo algo distinto mientras me ejercito, como diferente, me enfrento a nuevos retos, platico de cosas diferentes, ayudo a Vale con nuevas tareas, leo páginas nuevas, veo un nuevo capítulo de alguna serie, en fin, en la simpleza de la rutina casera, en la que debemos ser pacientes, prudentes y respetuosos he logrado la armonía y el equilibrio tan necesarios en este difícil momento.No deseo predicar, no podría pues mi lucha con el sobrepeso continúa, pero espero que de algo le sirva mi experiencia a quien pasa lo que yo, o mejor aun a quienes siendo niños o jóvenes todavía, pueden evitar este duro y pesado recorrido.

https://hakunamatata.guru/2017/10/13/virtudes/

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