Sin categoría

Súper héroes, súper hombres y súper mercados 2. Nuestro poder.

Referencias anteriores:

http://gusvazquezlopez.blogspot.com/2012/07/superheroes-superhombres-y-supermercados.html?m=1

Los ciudadanos del mundo y los mexicanos, casi sin excepción, siempre queremos ser poderosos, decidir a veces de maneras subversivas sobre nosotros mismos o nuestro entorno, esa autodeterminación es la base sobre la que se construyen las democracias desde la Grecia antigua.

Nunca como hoy la vida nos había presentado de manera tan amplía la posibilidad de ser tan poderosos, y de qué manera y a qué costo, pues nos brinda el privilegio del poder hacer el bien y evitar el crecimiento de una pandemia que ha matado a miles en el mundo, desde nuestros hogares, lo que sin duda es un privilegio para quienes lo hemos podido costear hasta ahora, pero que por lo mismo se ha convertido en un gran sacrificio revestido de resignación y, en algunos casos, heroísmo.

En otros extremos del aislamiento muchos héroes, por ejemplo, mis amigos que le hacen la vida bella a sus pequeños hijos que recordarán estos días como las vacaciones padres que pasaron en casa porque no pudieron ir a la playa; en otro extremo de mi corazón, el más afligido, están mis seres queridos que tienen la necesidad de trabajar, que siendo parte del sector vulnerable, como millones de mexicanos productivos no pueden darse el lujo de cerrar, mantener nómina, pagar impuestos y mantenerse; en un extremo más allá, mi mamá, sana y fuerte pero ciertamente cercana a los sectores más vulnerables; mis suegros, viejecitos, que han pasado sus cumpleaños en la soledad, tuvieron que salir por sus pensiones y sus apoyos sociales para sortear esta situación; finalmente yo, que he decidido ser mi propio héroe, encerrado primeramente conmigo mismo, a quien debo de controlar y modular el ánimo y el carácter, en la compañía de una esposa enérgica y una hija adolescente, con la grata presencia de 2 perritas hogareñas y cariñosas, heroicas todas ellas, por el simple hecho de hacer equipo, de ser comprensivas y de reforzar nuestro amor.

Nuestro poder, que se diluye conforme nos alejamos de nuestras fortalezas y nos aproximamos a las multitudes (en la viga no hubo héroes) es sobre nosotros mismos, es el control, la devoción y el amor que sentimos por nosotros, que con el tiempo, conforme encontremos la paz interior podremos transmitir a los demás, pero por el momento, basta con ejercerlo en nosotros, esa es la gran responsabilidad.

En las versiones impresas y del celuloide de la historia de Spiderman, el súper héroe personal favorito de su creador, Stan Lee, y el menos mío, la reflexión al poder es la misma: “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad” y diría yo, mucho sacrificio, que es una frase puesta en la voz del tío Ben inspirada por Franklin D. Roosevelt quien la pronunció el 11 de abril de 1945 en el que sería su último discurso a sus compatriotas, pues moriría 2 días después. Hoy a 75 años de distancia retumba la frase del estadista que llegó a las masas de las generaciones que consideramos al cine como cultura, a través de un personaje breve pero permanente en la historia de un súper héroe que tiene que madurar a la mala y que en su camino no toma las mejores decisiones, como buen adolescente o cómo cualquier presidente mañanero.

Desde muy niño, sentado en mi sillón verde frente a la tele Phillips a color en la recámara de la casa de mi madrina y tía Tuta, en Santiago Tianguistenco y en todas las ocasiones posteriores que repetí la historia, “el síndrome de Spiderman” (no detener al ladrón que mataría a su tío) me azora invariablemente cuando no me hago responsable de alguna acción que pudiera reaccionar en cadena dañando lo que es más importante para mi. Reconozco que no es la mejor causa para actuar, pero con el tiempo la he ido revistiendo de otras cualidades que me van pareciendo más nobles.

Así, con el poder de evitar contagiarme y portar el virus, me he reencontrado con mi lectura, que es casi siempre la fuente de mi escritura, con espacios olvidados en el diván de la memoria, con telarañas que limpiar y con cosas por hacer, seré un héroe personal que me llevará a la siguiente aventura, porque definitivamente en esta esquina no me quiero bajar.

Ustedes también pueden ser héroes, desde el egoísmo de su válida preocupación por ustedes mismos, desde el aislamiento, desde la inacción, con nuestras publicaciones en redes sociales, viviendo nuestros reality shows en búsqueda de un like, o mejor aun, sean los súper héroes que sobreviven a una dura prueba y lo hacen más fuertes, más sabios y más conscientes.

No se cuánto nos quede de encierro y apenas puedo imaginar cómo será el mundo después, hoy más que nunca hacen falta humanos que crezcan espiritualmente, que aprendan a usar las manos, a producir lo necesario para el auto consumo, a valerse de cabo a rabo por nosotros mismos; vislumbro sociedades más pobres, pero más conscientes, ojalá más igualitarias y respetuosas del planeta, quiero pensar que seremos un mundo de mejores seres humanos, que expuestos a nosotros mismos, habremos entendido que si empezamos por nosotros, será más fácil ser solidario con los demás.

PD. El súper.
Mis excursiones al súper han terminado, desde que el Gobernador del Estado de México ha recomendado el uso de cubre bocas al salir, mucha gente sigue sin usarlo, “no hay”, “regálemelo usted”, me responden cuando respetuosamente, poniendo mi mano derecha sobre mi corazón les explico la recomendación de la autoridad y sin darse cuenta de que lo pueden improvisar desde casa; así que, como para curar locuras e inconsciencias todavía no tengo poderes, mis únicas y aventuradas salidas, han quedado suspendidas. Dios los bendiga y los ilumine.

Estándar
Sin categoría

Cómo adelgazar y no engordar en el intento.

Soy gordo desde casi siempre, tal vez durante los primeros 7 u 8 años de mi vida no, pero ya para quinto de primaria me ponía los pantalones de mi papá y en la secundaria me desarrollé antes que la mayoría de mis compañeritas, de ahí mi manía por estirarme la prenda de ropa que me cubra el torso, de la que Jorgito Gómez hace perfecta burla.

Mi mamá confiaba en que adelgazaría durante la adolescencia, como le había ocurrido a sus hermanos, pero no pasó, o sea que para 1994 comenzó nuestro tour de dietistas y nutriólogos y una buena variedad de regímenes alimenticios bien distintos entre ellos, todos incómodos, difíciles y estresantes, pero al final los resultados lo valían, pude terminar la prepa no tan gordito, podía comprar mi ropa en tiendas comerciales y hacía mucho deporte, curiosamente fue la época de mi vida que más burlas y apodos recibí, sin duda yo pesaba mucho, pero mis compañeros de prepa fueron más pesados.

En 1997 había recuperado mi peso y ya era un gordo consagrado, mi amigo Tanis me hacía la ropa, muy padre por cierto, seguía jugando mucho frontenis, me levantaba temprano para la escuela y siempre almorzaba fuerte, comía bien, vasto y variado -comer en casa de mi mamá es además de una bendición, una delicia- casi todos los días comía palomitas de maíz hechas en olla y cenaba mucho. Para el año 2000 pesaba 138 kilos, el peso más grande del que tengo registro.

Sin embargo en esa época estar gordo no me representaba problemas, era joven y sano, me movía bien, tenía novia y pretendientas y un par de arquetipos más gordos que yo, así que ser “el gordo” era cool.

En 2004 pesaba 113 kilos, sin dieta ni nada, tal vez el cambio de hábitos por la dinámica de la vida me ayudó a perder mucho peso, aunque seguía siendo grande y ya casi no hacía ejercicio.

En 2007 cuando el segundo de mis arquetipos gordo decidió dejar de serlo -el otro ya no lo era- me animó a seguirle el paso y comencé a ir con sus nutriólogas, nos fue muy bien, baje hasta los 90 y para 2009 por ahí me mantenía, en esa época ya me echaba mis chelas o mis vodkas franceses y comenzó mi estrecha relación con el Macallan.

Compré mi caminadora, en la que he recorrido miles de kilómetros en fijo y visto miles de horas de series y películas. Recuperé peso, la caminadora cambió su vocación y se hizo tendedero y volví a la ropa de tallas extras y a los trajes hechos a medida, prácticamente todo 2010 y 2011 me dediqué al hedonismo, comí bien y sabroso, pero ya comenzaba a sentirme fatigado.

Así llegué a la madre de todas las dietas, la cetosis, un proceso metabólico en el que al suprimir el consumo de carbohidratos, el cuerpo comienza a utilizar la grasa acumulada para generar energía y eso, sumado a buenas dosis de actividad física ayuda a perder peso muy rápido, es la base de las famosas dietas keto, tan de moda en estos tiempos.

En 3 meses bajé 30 kilos,
no comía nada, solo tomaba licuados de proteína, llegué a dar un discurso en el aniversario de la clínica de nutrición del ABC y consumía mis mañanas y noches en el gimnasio, comencé a hacer carreras de 5 y 10 kilómetros y pude hacer un par de triatlones en sitio, era mi ídolo.

En 2013 agotado el tratamiento de “los licuados” me inscribí al 54D, un entrenamiento riguroso de una hora diaria, 6 días a la semana, durante 9 semanas, pase de ser un flacucho a un señor fortachón, eso duró muy poco.

Para finales del 2014 había disminuido mi intensidad en el ejercicio y había adquirido placer por las sobremesas, tanto que el cardiólogo en determinado momento de recomendaciones, entre otras me dio la de levantarme temprano, a lo que respingué de inmediato, “doctor yo siempre me levanto temprano”, “de la mesa” dijo el galeno.

En 2015 comencé a trabajar en el centro de la capital, 2 horas de ida, 90 minutos de regreso, horarios prolongados y decenas de alternativas culinarias tentadoras me llevaron a la cumbre del rebote, 125 kilazos llegué a pesar hasta diciembre del 2018, cuando por recomendación médica y después de que le expliqué a ese doctor todas las veces que había bajado y subido de peso, acudí al bariatra para someterme a la cirugía de by pass gástrico, que afortunadamente no me hice pues de entre todos los especialistas que tuve que ver por esos días visité a una joven endocrinóloga e internista, que de buen modo, me llevó en cuestión de meses a alcanzar un equilibrio maduro y consciente, gracias a la constante y permanente revisión de mis niveles de glucosa, aprendes lo que ya sabes, pero te vuelves consciente de lo que te provocará el arroz chino, la pasta, los postres o el chupe, también aprendes a usar la actividad física en tu favor e incluso a docificarte los gustos.

En esas ando ahora, decenas de dietas después, lo que tuve que haber aprendido de niño y que hubiera sido toda la diferencia, era a comer bien y ¿qué es comer bien? Pues sencillo, el plato del bien comer y vivir bien, y ¿cómo es vivir bien? Con disciplina, con equilibrio, sin excesos.

Entonces, es lógico que en esta aciaga cuarentena, esté perdiendo peso, pues me he ceñido a 2 filosofías de vida que me han servido mucho siempre: crear hábitos después de repetir 21 días seguidos la actividad deseada y la práctica de una vida virtuosa de Benjamin Franklin. (Les comparto los links)

Me levanto temprano, me informo mientras me libero, (if you know what I mean) me ejercito, me baño, me medico, desayuno, voy a mi despacho y estudio, escribo, leo, planeo, busco ser útil desde casa, ayudo a quienes han tenido ideas creativas a ejecutarlas y llevarlas a cabo, tomo una colación sana, bebo mucha agua, como en paz con mi familia, a veces con una cerveza o un vinito, y por la tarde me relajo leyendo, viendo tele y ayudo a Vale con las tareas, meriendo muy ligero y me voy a la cama sin ver noticias, y volvemos a empezar.

Suena aburrido pero no lo es, cada día es distinto, veo algo distinto mientras me ejercito, como diferente, me enfrento a nuevos retos, platico de cosas diferentes, ayudo a Vale con nuevas tareas, leo páginas nuevas, veo un nuevo capítulo de alguna serie, en fin, en la simpleza de la rutina casera, en la que debemos ser pacientes, prudentes y respetuosos he logrado la armonía y el equilibrio tan necesarios en este difícil momento.No deseo predicar, no podría pues mi lucha con el sobrepeso continúa, pero espero que de algo le sirva mi experiencia a quien pasa lo que yo, o mejor aun a quienes siendo niños o jóvenes todavía, pueden evitar este duro y pesado recorrido.

https://hakunamatata.guru/2017/10/13/virtudes/

Estándar