Sin categoría

EL PARAÍSO DE LOS PROCRASTINANTES. LA RUTINA DE LA CONTINGENCIA.

La dieta del lunes, los propósitos de año nuevo, ofrecer disculpas, cumplir compromisos, hacer los deberes, tender la cama, atenderse ese extraño dolor que persiste, los seres humanos, pero particularmente los mexicanos somos especialistas en retrasar o postergar todo aquello que nos resulta complejo, difícil o incómodo y sustituirlo por actividades más placenteras y adecuadas a nuestra comodidad, eso es procrastinar.

Mientras el mundo entero se vuelca en una contingencia sin precedentes, el gobierno de México apenas y toma algunas medidas preventivas y no prohibitivas ante la pandemia declarada por la Organización Mundial de la Salud hace unos días, las circunstancias o los motivos de la desproporción pueden ser muchas, algunas más entendibles que otras, unas de plano extrañas, como anunciar una semana antes que “las vacaciones de semana santa” así lo dijo el Secretario de Educación Publica, se adelantaban y serian del 20 de marzo al 20 de abril.

Los mexicanos, la inmensa mayoría de los mexicanos, vivimos al día, muchos sin ahorros, muchos más sin crédito, casi todos con deudas y compromisos impostergables, que son las razones de la movilidad de nuestra economía -la necesidad- por ello detener la economía sería letal para millones, sin embargo la incertidumbre proyectada en las compras de pánico en los super mercados y las gasolineras demuestran que la economía ya sufre las consecuencias de la pandemia que, si bien es cierto, no ha terminado por instalarse en el país, lo hará muy pronto.

Somos una sociedad acostumbrada a vivir al filo del peligro, salimos diario de casa conscientes de que cualquier cosa puede pasar, a falta de parques recreativos o temáticos, los malos vuelven un viaje en el transporte público toda una experiencia en la que -si no te pasa nada- al menos viajaste con la adrenalina al tope; diario vemos en las noticias de los medios tradicionales o en las redes sociales, cosas atroces, solo asimilables gracias al poder de la repetición, de la que también las televisoras tienen la culpa (hay goles de la selección que me sé de memoria), pero no del mismo caso espeluznante, sino de cientos, incluso de miles de noticias que nos han puesto la piel muy gruesa.

Los humanos procrastinamos porque así somos, a nadie le gusta el dolor, a nadie le gusta enfrentar una o muchas situaciones difíciles, por eso comenzamos la dieta los lunes, aunque apenas sea martes, por eso saturamos los gimnasios y los parques en enero, por eso siempre hay algo que arreglar, platicar o enmendar, por eso hay tantas enfermedades mortales que no lo hubieran sido si se hubieran detectado a tiempo, por eso ahora gobierna la incertidumbre en un país que, acostumbrado a las tragedias, todavía no avisora o tal vez porque ya lo haya hecho, ha decidido ignorar al mundo y esperar estoicamente lo que el famoso virus traiga.

LA RUTINA DE LA CONTINGENCIA.

Mientras tanto, la segregación de los cuidados es tal que parece que hay más modos de afrontar una pandemia que clases sociales, mientras unos de plano se encierran y procuran no volverse locos mostrando lo mejor de su vida en las redes sociales, otros en el extremo, acuden a restaurantes, van de fiesta o hasta se casan, ya ni que decir de los besos, los abrazos y los actos multitudinarios protegidos, desde luego, por milagrosas estampitas.

En el dilema de ser de unos o de otros, en el inmenso océano de noticias, videos e información que llega a raudales por WhatsApp, forzosamente haremos una pausa, sin más no nos quedará de otra que convivir con nosotros mismos, aún más delicado, con nuestras familias, esos seres que retratamos arregladas, por las que damos la vida y salimos a buscarnos el sustento, que queremos entrañablemente pero, que en la nueva dimensión del cautiverio estarán tan irritables como en su peor día. Paciencia, mucha paciencia con los hijos y con la pareja, si hay que despilfarrar algo en esta época es amor, incondicional, absoluto, pasaremos nuestros días enteros con quienes de manera romántica decidimos hacerlo en una cumbre muy alta de nuestros sentimientos, hoy ante el estresante panorama que nos espera debemos recordar porque creamos estas familias, porque vivimos con estas parejas y porque nos desvivimos allá afuera por las personas con las que estaremos aquí, adentro.

Ya son muchos los memes, las noticias y las recomendaciones de todos, gracias a Dios los algoritmos de nuestras redes nos enseñan solo la parte que consideran más conveniente para nosotros, pero no está de más externarles que es importante levantarse a buena hora, tomar los alimentos a la misma hora, tomar colaciones, hacer ejercicio, trabajar, leer, cultivarse, pasar tiempo de calidad con la familia, darnos un gusto, comer algo sabroso, tomar una copa de vino o un digestivo, disfrutar un rato de soledad para relajarnos y aprovechar el tiempo en casa para acomodar el closet, el librero y las prioridades.

Que Dios nos cuide y si en esta vuelta me toca bajarme, ha sido un placer.

Estándar