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CAMINITO DE LA ESCUELA ÁLGEBRA, LÓGICA Y POPOTES.

Ir a la escuela es uno de los primeros actos de devoción que realizamos. Vamos con la convicción de que aprenderemos y será para bien, para mejorar.

Efectivamente, tener estudios, representó hasta hace 2 o 3 generaciones, 40 o 60 años, la garantía de que la vida no sería tan difícil al menos en el plano laboral, en México por ejemplo, los normalistas tenían trabajo y escalafón asegurado y, con una buena palanca, plaza en buen lugar y hasta director o supervisor podrías ser; prestaciones, casa, pensión y servicios médicos muy decorosos. Qué padre.

Ser Médico, Arquitecto, Licenciado en Derecho, Ingeniero, eran el verdadero ascenso social, cualquiera de estos profesionistas optaban por el ejercicio de su profesión, la función pública o la academia y les iba bien, los médicos por especialidades y los abogados por funciones, podían dedicarse a muy diversas y entre más particulares y específicas, mejor les iba, los cardiólogos, ginecólogos, jueces y notarios dan cuenta de ello.

Mis bisabuelos y abuelos comerciantes, todos ellos, querían que sus hijos estudiaran, que se dedicaran a algo más seguro que ser los hombres trabajadores que todos los días sin pretexto tenían que trabajar para que el sustento no faltara. Otras épocas.

Ir a la escuela es un derecho y una obligación, pero también puede convertirse en un enorme placer o en un penoso sufrimiento, muchos son los factores para ello, pero sin duda los buenos o los malos maestros son el más importante.

Recientemente conocí la historia de Julio Zamora uno de los ingenieros más prolíficos de INTEL, que era más bien vaguito y mal calificado hasta que un profesor, uno solo, le destapó el cerebro y el gusto por las matemáticas. ¿Qué hubiera sido de Julio sin ese maestro?

En mi justa dimensión pude entender y amar el álgebra gracias a mis maestras Lupita Valero y Gina Dávila (qepd) lo explicaban de una manera tan clara que hasta un burrazo como yo les pude entender y hasta sacar buenas calificaciones. Benditas sean.

La lógica me entró por lo claro de la antología de la UAEMEX, resulta que una noche de sábado de 1993 me encontraba desesperado en mi cuarto de adolescente tapizado con los pósters de Alejandra Guzmán, Tiffany Amber Thiesen, los Lakers de LA y los Pistones de Detroit, tratando de entender lo que hasta ese momento era letra muerta, no era culpa de Ricardo Casas Vilchis, mi catedrático, sino del modelo escolar, me asfixiaba el aula, a los 15 años (y siempre) estar encerrado por mas de 1 hora representaba una garantía de que me distraería con cualquier cosa. Sin embargo, encerrado en mi cuarto, escuchando cómo el resto de la familia pasaba la tarde viendo las pelis del video centro de Colón, una extraña luz atravesó los techos de aquella hermosa morada y me iluminó la cabezota, a partir de ahí, solo conocí los dieces en esa y las disciplinas afines y, desde luego, ese catedrático y todos los demás fueron mis cuatachos, salvo, desde luego, un señor Basilio, al que, previamente en un fallido curso propedéutico, no le entendí nada.

¿Me creerían si les digo que todas y todos los maestros a los que les entendí y entiendo se parecen, en algo al menos y que a la inversa todos aquellos a los que no les entiendo, incluso con los que he tenido problemas, también se parecen? Desde Lulucita que vino a sustituir a Berthita en quinto año de la Carlos Hank González. Tal vez sea coincidencia, predisposición o simplemente que me gusta ser el consentido. En fin.

POPOTES.

¿Quién tiene la culpa de la crisis de popotes?

¿Sabían nuestras abuelas consentidoras que darnos ese enorme gusto -y golpe de azúcar- con popote, estaba matando al planeta?

¿Lo sabía Oli, lo comprende la niña becerro, que ha tomado más “chai late venti con deslactosada que agua en su vida?

No.

Durante la etapa consumista de la humanidad, digamos que durante el capitalismo, nuestra vocación de consumo ha superado incluso el entendimiento de los males que provocamos con nuestra explotación desmesurada de todo lo que nos brinda la naturaleza, parece a veces, que somos la plaga que destruirá a este hermoso planeta, en lugar de la especia más desarrollada y entendida que lo conservará.

Y no, no se trata de inventar popotes comestibles y llevarlos al Shark tank, se trata, lo digo así por el énfasis, de dejar de consumir a lo pendejo.

Prometo que busqué otros términos, pero en serio me parece el más adecuado.

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