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MANIFIESTO SOBRE LA JUSTICIA.

No hay Crimen perfecto en el país, pero el país es perfecto para el crimen.

Impunidad, injusticia, policías malos, jueces corruptos, abogados ineptos, familias rotas, apologías, telenovelas, narcoseries, rapiña de todo, menos de libros.

Nadie puede cometer un crimen perfecto, siempre habrá un cabo suelto, un resquicio de oportunidad para nuestra justicia selectiva, para la que busca las cifras impactantes, el consuelo de los ricos y los poderosos, mientras los que roban por hambre o son encarcelados injustamente, pasan meses o años esperando una sentencia.

Somos el país en el que más homónimos son perseguidos como delincuentes, en el que la carga de la prueba es del acusado y no del que acusa, somos un país con miedo a los que deberían cuidarnos, pero que por el contrario, por la cantidad adecuada son capaces de inculpar a cualquiera, de fabricar pruebas, de destrozar vidas.

No habrá crimen perfecto, pero México es perfecto para el crimen, porque a pesar de los miles de cámaras de seguridad, de elementos, de patrullas, de armas, vivimos con miedo, viajamos al trabajo como en una expedición al fin del mundo, sin la certeza de que regresaremos.

Da lo mismo si son asaltantes en el colectivo o hackers, funcionarios corruptos, prestadores de servicios o traficantes. A los delincuentes les da igual si te quitan una pequeña parte de tu patrimonio o todo, gozan de la insuficiencia policial, (porque a pesar de tener policías buenos, son mal pagados y resultan siempre rebasados en número y en recursos), se burlan de las instituciones, las usan, si acaso llegan a la carcel, han escalado a la universidad del crimen.

Sin crímenes perfectos, el país es perfecto para el crimen, para el robo, para las violaciones, para tomar un arma y bajar de su vehículo a cualquiera, para constituir una caja de ahorro y huir con el dinero de cientos.

En el país perfecto para el crimen se han fijado OHL y Odebrecht, porque saben que aquí no serán juzgados, por el contrario los corruptos los querrán como amigos, los invitaran a sus fiestas, los convidarán a sus parrandas, disfrutarán de sus gastos de representación y de las tajadas millonarias con las que nos restriegan sus nuevas riquezas inauditas.

El país perfecto para el crimen que usa sus instituciones para perseguir deudores morosos como si fueran asesinos seriales, que retiene a solicitantes de certificados de no antecedentes penales porque sus nombres, no sus huellas ni sus medias filiaciones, solo sus nombres, se parecen al de alguien denunciado.

Somos el país de la presunción de culpabilidad previa, de la justicia al mejor postor, de la vigilancia y la protección para quien pueda pagarla; el país donde nadie, nadie que robe auto partes está sentenciado en prisión, el país de las mujeres con miedo, a todos, a todos los hombres empezando en su propia casa.

Somos el paraíso de los corruptos, de los tramposos, de los sinvergüenza, de los asesinos a sangre fría, de los matones a sueldo cuyas mínimas tarifas dan escalofríos a cualquiera.

Somos el infierno de los pobres, de los que no hablan español, de los homónimos, de los chivos expiatorios, de los peces flacos, de los que no tienen opciones.

País perfecto para el crimen, donde los desaparecidos son tan invisibles como sus familias, donde los periodistas corren riesgo por ejercer su trabajo, donde personas como yo debemos callarnos por seguridad, por miedo, porque en cuanto somos incómodos, nada evitará que de un chasquido, dejemos de serlo, donde los abusos son la constante de un pueblo que tristemente se ha acostumbrado a vivir así.

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