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AMAR LO QUE HACES, HACER LO QUE AMAS.

Empeñado en demostrarme que soy capaz de escribir Hakuna Matata sin ventanas, bajo la estresante luz blanca de mi santuario laboral oficial, alterno la búsqueda de lo que quiero escribir (al interior), el volumen de mis audífonos para no distraerme con la música del exterior (apenas dos o tres metros), una que otra mirada al monitor de lo que transmite el circuito cerrado de las actividades legislativas y, desde luego, aprovechando un espacio de tiempo libre en medio del día laboral.

¿Amo lo que hago?

Parece que apenas fue hace unos días cuando pasaba más o menos lo mismo en mi primer trabajo de asalariado público, hace 16 años, igual que hoy, no tenía computadora, oficina, privacidad y pertenecía a la clase menos distinguida de la institución, hoy, traigo mi compu, que es la mejor oficina móvil que se puede tener, he aprendido que la privacidad es un estado mental y no físico y basta con ponerme los airpods y sumergirme en la lectura o en Netflix para lograrla y si, pertenezco al grupo de asesores de un grupo parlamentario minoritario, por lo que es reconfortante saber que aunque parecemos invisibles, no lo somos. ¿Me pasa lo mismo hoy que hace 16 años? Si y no, habría que escribir otro pequeño ensayo al respecto.

Amo lo que hago, a fuerza de repetirlo, de seguir el ejemplo de constancia y entrega de mis papás y de sendas parentelas, paterna y materna: levantarse temprano, prepararse, asearse, vestirse adecuadamente, llegar siempre puntual, sin pretextos, hacer lo que se requiere y más, poner buena cara, estar siempre fresco, ser educado, decente y respetuoso, mantenerme a cargo de mis responsabilidades y alejado de los asuntos de los demás, no andar de chismoso, (en este ambiente se le llama grillo) y agradecer, bendecir y disfrutar los días de paga. Amo lo que hago porque me mantiene ocupado, alejado de malos pensamientos y nos da, a mi y a mi familia peluda y tragona, para vivir.

¿Hago lo que amo?

A veces, de vez en cuando; amo ir al cine, amo ir a comer a casa de mis papás con mis hermanos, amo pasar días tranquilos y felices con Oli, amo enseñarle el mundo a Vale, amo emocionarme con un nuevo proyecto, amo entusiasmarme con cualquier cosa, amo platicar, escribir, leer, amo pueblear, amo estar solo, en paz, manejando, amo a veces, incluso, la nostalgia, las texturas, los olores y los sabores de otras épocas.

Después de entender que más vale ser feliz que intentarlo y que la vida viene en una sola toma, decidí no distraerme en pensar en lo que no tengo y ver lo que tengo, encontré en la frugalidad y los pequeños placeres, en el trabajo honrado y el descanso suficiente, en el fomento de mi familia y el cuidado de mis amigos y en el perdón, la comprensión y la empatía con mis prójimos, incluso los que me traicionaron, abandonaron o decepcionaron, el equilibrio vital para amar lo que hago y hacer lo que amo.

Desde luego que me gustaría ser un poco más de algo y un poco menos de otro, que amaría ser locutor de radio o conductor de un programa de viajes, pero Dios me ha querido aquí y aquí está perfecto.

LA COBRADA Y EL 299.

Particularmente 2 amigos queridos me inspiraron a escribir hoy, ambos quejumbrosos y pesimistas por naturaleza, suspicaces y prejuiciosos, atados a grilletes pesadísimos de los que debieron y pudieron despojarse hace años, hoy todavía le reprochan al pasado, incluso a mi pasado, lo que no fue.

El cobrón, debería de sentirse afortunado de siempre haber conocido su vocación, nació para abogar, para litigar, para argumentar, hace lo que ama, pero sin amarlo y en esa disyuntiva se le va el ánimo y la energía, lo comprendo perfecto, me ha pasado mucho. Le admiro por su terquedad, para todo, porque sus NO’s son definitivos y sus SI’s están llenos de devoción, es un buen hombre que espero entienda algún día que no solo en la calamidad puede demostrar su amistad.

El 299, no se ha dado cuenta que hizo 11 chuzas seguidas en un juego de 12 tiros, que falló el último y por un solo pino, parece que esta empecinado en pensar que no lograr la perfección es un fracaso, así de grande es, el tipo que solo piensa en la perfección y que si no la consigue lo considera una derrota. Amigo querido en palabras de la sabia filosofa del siglo 20, Manoella Torres, la mujer que nació para cantar, “lo perfecto es inhumano” y el amor es imperfecto, la plantita que nos regalaron hace 2 años, esta viva y creciendo, deseo que así siga nuestra amistad y que todo lo que ames no dejes de hacerlo aunque no te salga perfecto.

 

 

 

 

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