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CARTA A UN RECIÉN NACIDO. EQUIPAJE LIGERO

La vida es un viaje.

La comenzamos desnudos, sin pertenencias, algunos, casi todos somos cubiertos de inmediato, ahí nuestra primera maleta, la necesidad de estar vestidos, arropados.

A partir de ahí nos convertimos en acumuladores de lo que sea, casi a todo le asignamos un valor, que independientemente del precio le damos a las cosas, mantitas que asustan miedos, complejos, temores, sueños, planes, deseos, van acumulándose a la mochila que apenas en la infancia, ya está llena.

Casi nunca cargamos botiquín de primeros auxilios, nos despreocupamos muy temprano de la salud, la damos por hecha.

Conocimientos, fetiches, amuletos, aventuras, experiencias, expectativas, rencores, pasos, kilómetros, cicatrices, se van acumulando con los años, personas, amores, sabores, olores, sonidos, principalmente en los recuerdos y el corazón, aunque también en el estómago, sobre todo los rencores.

Casa, carro, profesión, carrera, oficio, logros, frustraciones, más rencores, recuerdos despostillados, complejos, delirios, dolores, males y bienes que provocan males.

En determinado momento de la vida, cuando todo parece equilibrado y completo, es cuando peor nos sentimos y menos tiempo nos permitimos para disfrutar lo realmente valioso, pronto, muy pronto termina la bonanza, la salud, la dentadura perfecta, el cabello reluciente, el peso ideal, los hijos pequeños.

Tarde o temprano llegamos a una aduana en la que solo nos es permitido cruzar con lo buenos que somos y que hicimos, el equipaje que cargamos toda la vida se queda ahí, como recuerdo, dulce o amargo, pero efímero de nuestro viaje.

El legado no nos corresponde, nos corresponde solo lo que podemos hacer y procurar en nuestra presencia, si queremos hacer algo por alguien, ya sea un ser querido o el prójimo, tenemos que hacerlo en el preciso momento que nos lo piden o podemos.

Las maletas, los bienes, los recuerdos, los rencores, los sentimientos malos se quedan en la aduana, solo fueron útiles para forjar el viaje o para hacerlo pesado, para disfrutarlo o para sufrirlo, más allá, donde sea, estoy seguro que solo va lo bueno, porque lo bueno no pesa, no se carga, no necesita documentarse.

Has tu viaje sin miedo, con entusiasmo, aprende, disfruta, ayuda, no temas no poseer nada porque nada podrás llevarte al terminar, pero tampoco te permitas no aprovechar todo lo bueno que este mundo te ofrece.

Mídete, quiérete, modérate, consíguete buenos compañeros de viaje, cuida la valija de los recuerdos, atesórala, desecha siempre los rencores, aprende rápido de los fracasos y evita recorrer caminos peligrosos o prohibidos.

Pisa sabiendo que vas hacia adelante, presta atención a todo y no te distraigas con nada, se respetuoso, cortés, ayuda a los que te necesiten y no estorbes; nunca estes de más y que siempre te echen de menos.

Buen viaje.

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