mujeres, Sin categoría

MUJERES

(Escrito en septiembre del 2017)

Al respecto de las mujeres, he escrito bastante, a mi madre, a mis abuelas, a mi esposa y mi hija y genéricamente a todas; particularmente a algunas y por eso muchas cosas al respecto de ellas solo las conocen ellas mismas.

Me siento apto para escribir sobre las madres, sobre las amigas, sobre las hijas, sobre la mujer como principio y fin, son en mi caso, una fuente inagotable de inspiración cuya contención es necesaria en beneficio de la armonía marital.

Por ello quizás también evito a escribir sobre la esposa, más bien las esposas, pues sería apto si no hubiera recorrido ya distintos caminos minados de maneras tan diferentes pero igual de necesarios y caprichosos.

Como hombre quizá he fallado como esposo, solo Dios y ellas parcialmente saben a lo que me refiero, en mi intento de venerarlas he fallado tantas veces como quizás he podido satisfacerles, sin embargo un pequeño sabor amargo siempre es más persistente que el de la savia más dulce.

Pero eso no me impide hoy sentirme agobiado por la manera en la que no hemos entendido un problema tan sencillo como complejo en su conformación, no es necesario aplicar más método que el de la observación para saber que nuestro país está tan lleno de mujeres indefensas y propensas a sufrir violencia, como de hombres imbéciles, sin escrúpulos, enfermos mentales y de cerebro diminuto, sin corazón ni agallas.

Somos una sociedad que maltrata, discrimina, ofende, limita, segrega, estereotipa, utiliza, sodomiza, prostituye y mata a las mujeres por el simple hecho de serlo. Lo hacemos por acción, omisión u consentimiento, justificándonos en cualquier cantidad de barbaridades, tanto, que deberíamos ser catalogados en la rama más elemental de los estándares internacionales de derechos humanos.

Si en México es peligroso ser reportero o migrante, cosas a las que se opta, nacer mujer es un riesgo permanente que inicia desde el preciso momento en el que es conocido el sexo del neonato, padres, hermanos, familiares, vecinos, compañeros de escuela, maestros, novios, prestadores de servicio, esposos, hijos, transeúntes, conductores de transportes públicos o privados, en fin, prácticamente todos los hombres representamos un riesgo latente a la seguridad de las mujeres.

Creo que en la medida en la que las mujeres comiencen a sentirse seguras en la calle, la escuela, el trabajo, los bares o sus propias casas, México será un mejor país; de otra manera estamos maltratando y matando a nuestro mejor activo, no hay nada más hermoso que una mujer mexicana, que cumple, que trabaja, que se entrega, que da la vida por sus hijos, que adopta a sus causas como si fueran igualmente de sus entrañas, que nos administran, que nos delatan, que nos acarician, que nos acompañan, que nos enseñan, que nos conmueven.

No podemos aspirar a ser un mejor país si no tratamos bien a las mujeres, a todas, porque en el interminable dilema de distinguirnos o igualarnos, siempre debe de prevalecer el hecho de respetarnos.

MUJER:
Te vivo, te sufro, te siento, te extraño y te recuerdo
Perpetuo a cada paso tu legado, procuro a cada paso los tuyos
Pienso en ti, vivo en ti, vivo por ti
Necesito besarte, entregarme, eres el aire que respiro y que refresca
Eres el rumbo en la deriva, el timón en la tormenta
Fuiste casa y eres refugio
Eres causa, pretexto y consecuencia
Eres vida, la tuya, la mía, la nuestra y más, definitivamente más que un día.

Anuncios
Estándar
Sin categoría

CARTA A UN RECIÉN NACIDO. EQUIPAJE LIGERO

La vida es un viaje.

La comenzamos desnudos, sin pertenencias, algunos, casi todos somos cubiertos de inmediato, ahí nuestra primera maleta, la necesidad de estar vestidos, arropados.

A partir de ahí nos convertimos en acumuladores de lo que sea, casi a todo le asignamos un valor, que independientemente del precio le damos a las cosas, mantitas que asustan miedos, complejos, temores, sueños, planes, deseos, van acumulándose a la mochila que apenas en la infancia, ya está llena.

Casi nunca cargamos botiquín de primeros auxilios, nos despreocupamos muy temprano de la salud, la damos por hecha.

Conocimientos, fetiches, amuletos, aventuras, experiencias, expectativas, rencores, pasos, kilómetros, cicatrices, se van acumulando con los años, personas, amores, sabores, olores, sonidos, principalmente en los recuerdos y el corazón, aunque también en el estómago, sobre todo los rencores.

Casa, carro, profesión, carrera, oficio, logros, frustraciones, más rencores, recuerdos despostillados, complejos, delirios, dolores, males y bienes que provocan males.

En determinado momento de la vida, cuando todo parece equilibrado y completo, es cuando peor nos sentimos y menos tiempo nos permitimos para disfrutar lo realmente valioso, pronto, muy pronto termina la bonanza, la salud, la dentadura perfecta, el cabello reluciente, el peso ideal, los hijos pequeños.

Tarde o temprano llegamos a una aduana en la que solo nos es permitido cruzar con lo buenos que somos y que hicimos, el equipaje que cargamos toda la vida se queda ahí, como recuerdo, dulce o amargo, pero efímero de nuestro viaje.

El legado no nos corresponde, nos corresponde solo lo que podemos hacer y procurar en nuestra presencia, si queremos hacer algo por alguien, ya sea un ser querido o el prójimo, tenemos que hacerlo en el preciso momento que nos lo piden o podemos.

Las maletas, los bienes, los recuerdos, los rencores, los sentimientos malos se quedan en la aduana, solo fueron útiles para forjar el viaje o para hacerlo pesado, para disfrutarlo o para sufrirlo, más allá, donde sea, estoy seguro que solo va lo bueno, porque lo bueno no pesa, no se carga, no necesita documentarse.

Has tu viaje sin miedo, con entusiasmo, aprende, disfruta, ayuda, no temas no poseer nada porque nada podrás llevarte al terminar, pero tampoco te permitas no aprovechar todo lo bueno que este mundo te ofrece.

Mídete, quiérete, modérate, consíguete buenos compañeros de viaje, cuida la valija de los recuerdos, atesórala, desecha siempre los rencores, aprende rápido de los fracasos y evita recorrer caminos peligrosos o prohibidos.

Pisa sabiendo que vas hacia adelante, presta atención a todo y no te distraigas con nada, se respetuoso, cortés, ayuda a los que te necesiten y no estorbes; nunca estes de más y que siempre te echen de menos.

Buen viaje.

Estándar