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LA EDUCACIÓN LA HACEMOS TODOS.

Estoy convencido de ello, crecí en escuelas públicas y trabajé para el sector educativo en el país, por eso lo digo con toda seguridad.

Cómo estudiante tuve la fortuna de ir en escuelas bonitas, grandes, la primaria Carlos Hank González, tenía muchos espacios para jugar, algunos no tan apropiados y seguros, pero nunca pasó nada que lamentar, a la secundaria 5 le sobraba espacio pero le faltaban áreas verdes, pasto. En ambas, conté con maestras extraordinarias, con docentes cumplidoras, y como en todo, con alguna que proyectaba sus traumas, carencias o complejos conmigo o con alguien más, nada que reprochar; los maestros fueron menos, muchos menos y solo recuerdo con cariño a mi orientador de Segundo de secundaria, el maestro Gilberto, no solo se esforzaba conmigo en la escuela, más allá, fue a casa y donde podía me daba una lección, un consejo o simplemente estaba ahí.

A esa edad no entendía porque había niños que iban a escuela privadas, de hecho los compadecía, pagaban y estudiaban más, pero a menudo sabían menos, lo sigo pensando.

Mi papá aportaba cuotas y lo que fuera que pidieran para los festivales o cualquier actividad, mi mamá siempre hacía los pasteles, previo oferta mía de viva voz, ¡mi mamá hace el pastel! Que además era mi forma de asegurar que estaría rico y sería a mi gusto.

Teníamos directivos que eran verdaderas autoridades; las maestras sabían de todo, daban clases, ponían bailables, curaban raspones, resolvían los múltiples casos de ingesta de canicas, nos hacían repetir las poesías corales o las efemérides, que muy seguramente olvidaban más pronto que nosotros. La escuela funcionaba, llevábamos un guión, terminábamos los libros, retacabamos las libretas y nos dedicábamos a ser felices no había techumbres para protegernos del sol y era casi imposible faltar, no había dolor, fiebre o malestar que nos salvara de ir a clases.

¿Qué ha cambiado? Hay más escuelas particulares y una creencia infundada de que son mejores, si bien son una alternativa para quien por muchas circunstancias puede optar por ellas, la educación pública es por mucho mejor que la privada, a pesar de todos los peros y asegunes, incluso a pesar de los simplones prejuicios sociales, a pesar del peligroso bullyng y de la inseguridad, las escuelas privadas, mayoritariamente son vistas como simples negocios.

Lo que se enseña y cómo se enseña es diferente a lo que se aprende y cómo se aprende.

En los años que estuve en la SEP, durante la gestión de Aurelio Nuño, el tema primordial fue la reforma, sus postulados y el modelo educativo.

Se propone exactamente lo mismo que los modelos educativos actuales del mundo y es esencialmente lo mismo que planteaba hace 30 años Fernando Solana, hace 60 Don Jaime Torres Bodet y hace 90 José Vasconcelos.

El mundo es distinto, saturado de información y contenidos, con tecnología avanzada a la mano de cualquiera, que se renueva a una velocidad inédita e impredecible.

Aprender a aprender, es el resumen de la filosofía educativa que se pondrá en marcha para los 25.6 millones de estudiantes de educación básica del país, privilegiar el raciocinio sobre la memorización, aprender a usar las herramientas de la tecnología, saber discernir e identificar la información útil de la inútil, convivir, respetar, entender la diversidad, desarrollar habilidades sociales, culturales, deportivas, conocer otros idiomas y entender al mundo.

Ante la inminente abrogación de la reforma educativa anunciada por el Presidente electo, hoy, una vez más la escuela la hacemos los estudiantes, los maestros y los papás, no vamos a esperar, no podemos hacerlo, las clases se impartirán, los niños aprenderán y los papás estaremos atentos y solícitos a ayudarles; las autoridades, temporales, lejanas, ajenas, mustias y engañosas quedan fuera de la fórmula del éxito de la educación, que se forja en las aulas y en las mentes y los corazones de los estudiantes, porque al final aprenden lo que deben.

Finalmente evocando a Murakami “Así es la escuela, lo más importante que aprendemos en ella es que las cosas más importantes no se pueden aprender allí”, deseo que sea un gran primero de secundaria para Valentina, que aunque va en una escuela particular, cuenta conmigo, su mamá y múltiples tías normalistas, para lo que sea, incluso, para aprender. Ja.

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