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LUNA EN LUNES, MARTE EN MARTES.  SIZIGIA A LA MEXICANA.

Entender al cosmos, va más allá de la ciencia, implica fe, quizá en algún momento la política tendrían que hacerla los astrónomos, así, lo que hoy está saturado de buena voluntad y esperanza, quizá reciba la dotación necesaria de ciencia.

Acostumbrados a reinventarnos, hasta parece que lo gozamos, sin embargo, estos costosos procesos de transición entre un régimen y otro, no han dejado nada más que desencanto, desorden y fallas, que prueban que la administración pública mexicana está sostenida por instituciones que poco o nada han revelado en la transparencia reciente y que además padecen de capacidad innovadora, continuidad, autocrítica y verdadera institucionalidad.

Los gobiernos deben servir para facilitar, administrar, gestionar y ejecutar lo necesario para que la vida en sociedad sea posible, quizá por eso, la parte más visible del gobierno, el ejecutivo en el caso de nuestra democracia, se ha convertido en la aspiración cotidiana de que funcione mejor y en la consecuente decepción permanente.

 

 

Con un sistema caduco, al menos 12 años antes, personalmente creo que 30, en el año 2000, el país accedió a la alternancia mediante un proceso democrático ejemplar (solo lo son cuando no gana el PRI) era lunes, el 3 de julio que Fox y sus publicistas nos vendieron en la propaganda televisiva, ¡México Ya!, repetido como murmullo en diferentes plazas y escenarios, con niños corriendo y ondeando banderas; muy pronto terminó el encanto, el ranchero quiso agringar al gobierno, y entre su esposa y la multitud de afortunados oportunistas que más que buenos para el gobierno salieron buenos para los negocios, el cocacolero terminó por ser la decepción del lunes que comienzas a adelgazar, a dejar el cigarro el alcohol o cualquier otro mal hábito, pues no pasó ni de la tarde cuando el propósito ya había fracasado.

6 años después, era el turno de la izquierda, el popular y mañanero jefe de gobierno de la capital del país se enfilaba a ser la temprana opción de una nueva alternancia, lógico, esperado, incluso deseado, era el momento de probar nuevamente algo distinto. No pasó.

12 años transcurrieron de la duda, al fracaso, al miedo, a la última oportunidad para el antiguo régimen, a la corrupción desmedida, a la notoria incapacidad por conectar, por entender a las mayorías, al despropósito; me imaginó al país como una cazuela enorme en la que se cocinan a fuego lento todos estos males y muchos más, aderezados por la pobreza, la injusticia, la mala distribución de la economía, los rancios medios de comunicación y las indescifrables redes sociales, haciendo ebullición recién y abriendo ampliamente y sin lugar a dudas ni oposición, la oportunidad para el mismo hombre de hace 12 años, un poquito menos o más de esto o de aquello, pero el mismo al fin.

 

 

El martes 31 de julio es el día en que nuestro planeta y Marte han estado más cerca en 15 años y en este momento, el ganador de las elecciones presidenciales no solo está más cerca que en décadas de las mayorías, sino que también ha alcanzado una brillante alineación de los astros políticos y sociales – habría que esperar los económicos – una sizigia, con la que se presentan esperanzas desmedidas, interrogantes incontestables y una euforia que en el mejor de los escenarios puede pasar a convertirse en ansiedad masiva, por el momento solo se trata de alucinaciones.

Alejados de la falsa promesa de un triunfo en algo, en lo que sea, los mexicanos quizá debamos pensar que tras los males de la Luna en lunes y Marte en martes, lo que sigue el miércoles no sea Mercurio, atendiendo a la fuente etimológica latina y al sistema solar, sino a un término más escatológico.

Y así, podríamos continuar eclipsados, sin darnos cuenta, que al sol no lo tapamos con un dedo y que nuestros problemas no los generan los astros ni los resuelven los políticos.

 

 

 

 

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