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ZUCKERBERG ES DIOS

Publicado el 22 de septiembre de 2016, en http://gusvazquezlopez.blogspot.mx/2016/09/dios-es-zuckerberg-alvarado-y-juanga.html

DIOS.

m. Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo.(RAE)

La Wikipedia Recupera:

Dios es el nombre que se le da en español a un ser supremo omnipotenteomnipresenteomnisciente y personal

(…)

En las religiones monoteístas ―bajaísmocristianismoislamismojudaísmokrisnaísmo y sijismo―, el término «Dios» se refiere a la idea de un ser supremo, infinito, perfecto, creador del universo, que sería pues, el comienzo y el final de todas las cosas. Dentro de las características principales del Dios supremo estarían principalmente:

Omnipotencia: poder absoluto sobre todas las cosas;

Omnipresencia: poder de estar presente en todo lugar;

Omnisciencia: poder absoluto de saber las cosas que han sido, que son y que sucederán.

(Fin de la cita de la Wikipedia)

Si consideramos solo este, cortísimo y simple resumen, que representa a extractos de resúmenes de tesis y tratados muy serios, casi todos desde el punto de vista de filósofos, antropólogos, sociólogos y teólogos, podríamos decir que desde la aparición del Facebook, Mark Zuckerberg es Dios, en el Facebook.

Tiene el poder absoluto sobre todas las cosas (que pasan en Facebook), puede estar presente en todo Facebook y es capaz de saber lo que ha pasado, pasa y pasará en y con Facebook.

Pero…

¿Por qué vale tanto esta empresa, surgida de una idea, surgida de otras ideas y alimentada con muchas más ideas?

Fácil: Control y precisión, al registrarnos en Facebook, nos sometemos a nuevos y distintos códigos de conducta, morales, de convivencia, de publicidad y de conocimiento, proporcionamos nuestros datos, con el objetivo de estar al alcance de datos de alguien más y con ello, Facebook, sabe todo de nosotros, no solo sobre nuestras características personales, sino de consumo, de movilidad, de intereses, lo que la hace una valiosa herramienta de mercadeo para el consumo y la generación de productos.

No tiene ni siquiera que vender publicidad, hoy ya no es más el Internet, sino el Facebook, nuestro nuevo universo virtual, en el que creemos que damos a conocer lo que queremos, en donde pensamos que lo publicado en nuestro muro es lo que los demás piensan o saben de nosotros, somos protagonistas, en este universo paralelo, de vidas más resumidas, pero más entretenidas e interesantes.

Hemos visto mucho en Facebook y a la vez lo que se ve es poco, casi nada.

Damos pésames, hacemos ejercicio, transmitimos en vivo videos de nuestras vidas, somos celebridades, incluso podemos definir el éxito de una actividad, de unos alimentos o de un pensamiento, con la cantidad de “Me gusta” que recibimos.

Vivimos en otro mundo, nos sustraemos a éste, o al otro, al real, en el que nacimos, con la facilidad con la que se puede tomar un teléfono y apenas dar un par de clics, recorremos apáticos, desinteresados, y luego morbosos y ávidos, las vitrinas de nuestros iguales, a los que parece que les va muy bien, que les ha sentado la dieta, vemos fútbol, vamos a conciertos, sin necesidad de movernos de nuestros calientitos asientos personales.

Así nos ha tocado vivir, incapaces, o eso creemos, de poder mejorar nuestra realidad, hemos decidido crear otra, más resumida, más light, pero más bonita y entretenida en este nuevo universo, que si me apuran es apenas el inicio de una Matrix, que se está volviendo realidad. Al tiempo.

He escuchado que “el Bronco” y Kumamoto  ganaron gracias al Facebook, no estoy seguro, pero sí creo realmente que nadie que esté peleado o sea ajeno a esta red social, puede ganar hoy en día una elección.

Finalmente, una reflexión: nadie es tan guapo como su foto de perfil ni tan feo como la foto de la credencial de elector.

Alvarado y Juanga.

Conocí a Nicolás Alvarado en una oficina de Polanco, era director de una revista y comenzaba a tomar notoriedad por su participación en el noticiero matutino de televisa, lo fuimos a visitar un señor cachetón y yo, para invitarlo a comentar un libro de agua que habíamos desarrollado en el lugar donde trabajábamos, sin más, pidió la fecha y aceptó; tuvimos solo que confirmar una vez con una secretaria, la cita fue una tarde lluviosa de otoño en la Casa del Risco en San ángel, la antigua casa de Isidro Fabela, donada al Estado de México, a través de su gobierno y que es un magnífico espacio para la cultura. Nicolás fue puntual, hizo sus comentarios sarcásticos, fue, desde su óptica simpático, abordó el tema con su particular y ácido humor, reconoció a los otros presentadores, en particular a un señor, que ya nada más por la edad y la trayectoria pública merece respeto y recibió gustoso el árbol de la vida que se le presentó como agradecimiento a su participación, sin más, agarró su libro, su árbol de la vida, estrechó a lo mucho 2 manos y se fue.

En otro momento en particular lo vi muy incómodo en su programa de foro tv entrevistando al burro de Shrek encarnado en Eugenio Derbéz, que daba la enésima entrevista promocionando a su telenovela para cine, era tan evidente la tensión que la contagiaban, la transmitían, ambos obligados a hacer algo que no querían, supongo.

Recientemente, su asincrónica participación en Milenio diario, que le causó tantos inconvenientes y un rechazo casi tan unánime como el de Trump, me han hecho reflexionar sobre el otro protagonista de esa historia, digna de nuestro telenovelero folclor, Juanga.

Todos nos sabemos las canciones de Juanga, TODOS, no todas, no muchas, algunas, o una, pero todos, ¿por qué? No es que las hayamos escuchado hasta el cansancio, estoy seguro que he escuchado más el tono del conmutador (el tema de la película “el golpe”), simplemente creo que se trata de letras muy nobles, sencillas y pegajosas, predecibles si quieren, pero muy pegajosas, no puedo, más bien no quiero criticar algo que tantos disfrutamos, aunque sea poquito, tampoco es mi deseo tomar postura o partido, pero a los difuntos no los podemos fastidiar, por el simple hecho de que no nos pueden contestar, por eso, cuando alguien se mete con un difunto, sobre todo con uno tan querido por tantos, sale así de raspado como Nicolás, que a su vez, ejerció algo que tanto abrazo, cuido y respeto: su derecho a expresarse. Así la vida y la muerte.

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